Sánchez, el arte de la necesidad virtud
"El año transcurrido desde los días de reflexión del presidente no ha servido ni para que se sacudieran las sombras que le rodean ni para despejar las dudas sobre la gobernabilidad del país"

Publicado el 28/04/2025 a las 05:00
El año transcurrido desde que el 24 de abril de 2024, el presidente Sánchez se ensimismara en una crisis no explicada todavía, hasta el punto de ausentarse durante cinco días a la espera de que los suyos reclamaran su continuidad, no ha servido para que se sacudieran las sombras que rodean al jefe del Gobierno ni para despejar las dudas sobre la gobernabilidad del país. Lo ocurrido estos últimos días es una buena muestra de ello: con sus socios de Sumar revolviéndose contra el incremento en el gasto de defensa anunciado por Sánchez para cumplir con la OTAN. E Izquierda Unida, amagando con salir del Gobierno por la compra de balas a Israel y obligando al Ejecutivo a recular. Así estamos.
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Con un presidente que ha hecho de la necesidad virtud que anunció para mantenerse en la Moncloa, su manera de manejarse por la legislatura. Aún a costa de constantes cesiones, a cada cual peor, a sus socios de investidura. La inexistencia de una mayoría alternativa capaz de proceder a una moción de censura es la garantía última con la que cuenta el actual mandato de Sánchez, puesto que hasta los menos fiables de sus socios están interesados en que siga aun infligiéndole un desgaste que la impasibilidad del presidente endosa al funcionamiento de la democracia. Y cuando España más necesita una alianza de Estado que contribuya a dar entereza y solvencia a la Unión Europea, cuando más claras se ven las coincidencias entre las dos primeras fuerzas del país -PP y PSOE- frente a los retos principales que tiene ante sí, sigue dominando el escenario la polarización doméstica, connivente con el desorden mundial.
Pedro Sánchez tiene la oportunidad de contrapesar la caótica entente que mantiene con sus asociados mediante un acuerdo de fondo con Núñez Feijóo que sintonice con la mayoría que administra las instituciones de la UE. Y el PP cuenta con la posibilidad de comprometerse a ello sin renunciar a sus aspiraciones de alternancia. Pero todo parece indicar que la política menguante continúa siendo más atractiva a ojos de los intereses partidistas.