Liderazgos en una legislatura polarizada
"Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo han llegado a este punto en un momento delicado y cada vez más alejados en su relaciones, como volvió a quedar de manifiesto esta semana"

Publicado el 29/03/2025 a las 05:00
La confrontación que mantienen PSOE y PP desde hace treinta años, aunque extremada en los últimos tiempos como ha vuelto a quedar de manifiesto en el asfixiante pleno sobre el gasto de defensa en el Congreso, modula las relaciones entre sus principales dirigentes. Y lo hace con una estrategia tan cortoplacista que acaba por lastrar a sus protagonistas. Los contendientes buscan de una manera tan desaforada ahondar en el abismo que les separa que acaban reproduciendo esa misma dinámica en el interior de los partidos. El origen del liderazgo de Pedro Sánchez sobre los socialistas estuvo en su negativa a aceptar que el candidato más votado en las generales de entonces, Mariano Rajoy, pudiera hacerse con la presidencia del Gobierno. La moción de censura que en 2018 le llevaría a Moncloa cuajó una divisoria radical. Una línea roja que impide las políticas de Estado trasversales.
¿ERES SUSCRIPTOR? AQUÍ TIENES MÁS INFORMACIÓN SOBRE ESTE TEMA
Amplía la información sobre OPINIÓN en la edición e-paper de Diario de Navarra, disponible a diario para suscriptores de papel y PDF
Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, aunque en distinto grado, han llegado a este punto de la legislatura en un momento delicado de sus liderazgos respectivos. El presidente del PP se ha encadenado de alguna manera al presidente valenciano, Carlos Mazón, que acaba de fraguar un presupuesto con Vox en su comunidad en un intento por ganar tiempo a su descrédito general. Pero lo del presidente Pedro Sánchez, precisamente por ser el líder del Ejecutivo, reviste especial trascendencia. Llega debilitado por la concatenación de desmarques y choque a su alrededor, sean de sus aliados de investidura como de su propio socio de gobierno, Sumar, como ha quedado demostrado con la negociación al límite en el SMI entre las vicepresidentas Montero y Díaz.
Eso sí, Sánchez mantiene un férreo control interno, como lo ha demostrado con la imposición de los liderazgos en las baronías de las federaciones autonómicas del PSOE. Con este escenario, al presidente le va a resultar muy complejo sortear el deber constitucional de presentar unos presupuestos generales sin generar aún más ruido. Máxime con los mayúsculos retos de país que España debe afrontar y ante los que los que no se puede hurtar el obligado debate.