"Mezclarse en el recreo en un partido de fútbol y que se juegue en castellano debe ser malísimo. Hace mucho daño a la inmersión en euskera. Así piensan algunos"

Actualizado el 06/03/2025 a las 23:46
En mi extensa lista de cabezonadas y pequeñas manías hay una que me saca de quicio: que se utilicen las lenguas para dividir. Para hacernos diferentes. Y que se note. La última ocurrencia acaba de pasar en Cataluña y, aunque parezca que busca lo contrario, tiene un tufo racista de aúpa.
En la enésima cesión de Pedro Sánchez a Puigdemont con el tema de la competencia en Migración, sale Miriam Nogueras, la cara visible de Junts, a soltar que hablar catalán será un requisito obligatorio para obtener la residencia en la comunidad. Toma ya. Ni Trump.
Menos mal que ha respondido corriendo la ministra navarra Elma Saiz para enmendarles un poco la plana y aclarar que la lengua no puede ser un requisito, ni para denegar permisos, ni para expulsar a migrantes ni para impedirles la entrada en el país. Pues más vale.
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Porque ojo. Aquí tenemos nuestros propios usos excluyentes de los idiomas. No hay que irse a Cataluña. Basta pasearse por colegios donde, supuestamente, convivan las enseñanzas en castellano y en euskera.
Si lo hacen encontraran centros con espacios absolutamente diferenciados para los alumnos de un modelo u otro. Con entradas y salidas diferentes e incluso horas de patio y espacios opuestos. Que mezclarse en el recreo en un partido de fútbol o de balonmano y que se juegue en castellano debe ser malísimo. Hace mucho daño a la inmersión en euskera. Mejor separados. Así piensan algunos. Políticos, profesores y familias.
Y qué quieren que les diga. A mí me da pena. Yo prefiero que mis hijos aparquen en el aula el inglés y el euskera que aprenden y cuando salgan fuera disfruten de sus 20 minutos de asueto con sus amigos, sean del modelo que sean. Y, lógicamente, lo harán en su lengua materna.
Pero ya ven, politizar los idiomas es una tendencia que viene de largo, y que mientras unos apuestan por construir muros con alambres otros plantean levantarlos con palabras.