Las posibles y oscuras razones de Trump

"Las anteriores políticas exteriores de contención y de paz, hoy están en seria amenaza"

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Javier Taberna

Publicado el 02/03/2025 a las 05:00

El otro día cuando estaba viendo (por enésima vez) la gran película El Padrino II, me vino la inspiración sobre las posibles razones de Donald Trump para dar un cambio extremo a la política exterior de Estados Unidos que ha venido rigiendo los destinos del mundo desde el año 1945. Detrás de los bandazos radicales de Trump, los órdagos geopolíticos, las guerras arancelarias y las nuevas alianzas que sacuden el orden mundial, tenemos que pensar que no hay rastro de improvisación o capricho pasajero. Más bien, se trata de una estrategia arriesgada pero firme en la que el presidente de EEUU, a la vez que mantiene su perfil aislacionista, se reparte el mundo con su enemigo histórico y más amenazante desde el año 1945: la antigua URSS, hoy la Rusia de Putin.

Para entender esta teoría, nos basta con asomarnos a documentales, libros o películas, como la referida de El Padrino donde dos familias rivales y enemistadas secularmente entre sí por el mismo territorio, deciden compartir la mesa después de años de hostil rivalidad, para hacer buena la frase de “en la guerra, ambos perdemos, pero si pactamos, ganamos los dos”.

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Pero ahora ese territorio es el mundo entero. Y Trump y sus multimillonarios asesores, lo contemplan como un nuevo tablero de juego en el que sobre todo Rusia, y en menor medida China, pueden convertirse en los mejores aliados en este “nuevo imperialismo” en el que el primer paso es derribar el status quo vigente. Ya se tambalea una institución que creíamos intocable como Naciones Unidas, y lo próximo será la demolición de la OTAN al faltar su objetivo de la defensa contra Rusia. Las tradicionales reglas y acuerdos internacionales ya no existen para esta nueva Casa Blanca, dispuesta a reescribir un Nuevo Orden Mundial que hará saltar por los aires toda la estabilidad conseguida tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial.

Los ecos de la Guerra Fría se esfuman en este nuevo horizonte. Se estima que de las más de 12.100 ojivas nucleares que hay en el mundo, el combinado EE UU- Rusia alcanza las 10.600 (unas 5.600 y 5.050, respectivamente). Y China es el tercer arsenal del mundo con 500. Desde esta perspectiva, estamos ante una ‘alianza natural’ que Trump y Putin habrían decidido sellar, después de casi 80 años de máxima rivalidad. No conviene olvidar que, desde el punto de vista militar, hablamos de tres de los cinco ejércitos más numerosos del planeta (sólo India y Corea del Norte alcanzan también el millón de soldados en activo).

Ante este panorama, Ucrania o Taiwán, son ahora peones a punto de caer en este inesperado e inquietante tablero. Las anteriores políticas exteriores de contención y de paz, hoy están en seria amenaza y desgraciadamente también nuestra Unión Europea. Parece evidente que el interés geopolítico de los nuevos dueños del mundo es tener a una Europa debilitada. Por ello, creo (espero estar equivocado) que EE UU buscará la división de los 27 países de la UE, potenciando relaciones bilaterales con los afines a su doctrina (Hungría, Italia y otros) y castigando a los disidentes, lo cual nos obligará a posicionarnos en su Nuevo Orden Mundial.

Pero todo esto, desgraciadamente, no es ajeno a nuestra historia. En el siglo XIX, en la Conferencia de Berlín de 1884, aquella poderosa e imperialista Europa también se repartió prácticamente el mundo entero en las llamadas colonias, países como el Reino Unido, Francia, Alemania, Bélgica e Italia y, en menor medida, España y Portugal, no les importó repartirse el pastel económico y humano del mundo.

Espero y deseo que estas líneas solo sean una elucubración teórica y que no se hagan realidad, porque si así fuera, hoy más que nunca, deberíamos olvidar y dejar aparcadas nuestras pequeñas y mezquinas diferencias para dedicarnos, todos unidos, a diseñar nuevas estrategias que pudieran minimizar el impacto de este más que probable Nuevo Orden Mundial. Y, si no, como decía mi abuela: “Que Dios nos coja confesados”.

Javier Taberna Jiménez. Presidente Cámara de Comercio de Navarra

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