"Dicen que en los próximos años la nanotecnología y la medicina regenerativa van a proporcionarnos el paraíso en la Tierra"

thumb

Juan Gracia Armendáriz

Publicado el 23/02/2025 a las 05:00

¿Quiere ser usted inmortal? Piénselo bien. Ya sé que es una pregunta algo intensita para un domingo por la mañana, pero no hay prisa, tómese su tiempo. Si no lo hace, los mesías del transhumanismo y de la IA ya están decidiendo que ese café que sorbe y ese teléfono en cuya pantalla lee esta columna, serán actos repetidos hasta la náusea. 

Le cuento. El transhumanismo nació de la cocina fusión entre filosofía y ciencia-ficción y ahora propone abolir el sufrimiento y el malestar de todo ser sintiente (sic). David Pearce, un pensador británico de aspecto arcangélico, vegano y animalista, propuso hace pocos años un “Imperativo Ético” por el cual en los próximos años la nanotecnología, la medicina regenerativa y la fusión de la técnica con la naturaleza, van a proporcionarnos el paraíso en la Tierra. 

No se atragante, esto es sólo el comienzo. Para conseguirlo, la IA convencional debe dar el salto a lo que se denomina “Singularidad”, algo así como el paso a una superinteligencia artificial general que se hará cargo de nuestros males. ¿Me sigue? 

¿ERES SUSCRIPTOR? AQUÍ TIENES MÁS INFORMACIÓN SOBRE ESTE TEMA

Amplía la información sobre OPINIÓN en la edición e-paper de Diario de Navarra, disponible a diario para suscriptores de papel y PDF

Yo no, pero los profetas de la nueva utopía tecnocientífica acarician el viejo sueño de la inmortalidad y ya anuncian el advenimiento de esta neomística tecnológica. ¿Le parece un disparate? Siga leyendo. 

Ray Kurzweil, el gran futurólogo de la tecnología, declaraba en una entrevista reciente: “A partir de 2032, su salud retrocederá en el tiempo: por cada año que viva, ganará otro”. ¿Y qué hará posible esta superoferta?, se preguntará. Fácil: la fusión de los humanos y las máquinas en una superinteligencia divina e inmortal que se expandirá sin límites por el cosmos. Como el agüita amarilla. 

Disculpe si soy pesado, pero piense: ¿hay arte sin malestar?; ¿belleza sin muerte?; ¿sin inquietud, no queda abolida la curiosidad? Para un inmortal todo carecería de sentido: el conocimiento, el asombro… el café del desayuno. Un amigo me dice: “Seremos cebollas inmortales”. La abolición de la muerte termina en el tedio. Un domingo eterno. Y sin café.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora