Siempre es bueno preguntarse cómo me encuentro

Publicado el 07/02/2025 a las 05:00
No solo cuando empieza un nuevo año, que no está mal, sino en cualquier momento de nuestra vida, es bueno parar la máquina, y perder unos minutos, si es con un folio mejor que mejor, y escribe cómo vives, cómo te sientes, que objetivos tienes en tu vida… Son momentos para rumiar interiormente cómo vamos funcionando el día a día, y qué cambios necesitamos hacer para prevenir, para recomponer nuestra ruta de vida, para modificar y aprender a dar un giro a nuestras vidas que cada día nos sentimos con mayor nivel de ansiedad, que procede muchísimas veces de vivir en un continuo estrés, ya funcional, crónico, sin darnos cuenta que esa ansiedad nos sumerge en una peligrosa espiral de continua insatisfacción con nosotros mismos… Por eso, aunque parezca cursi, vale la pena hacer un parón aprovechando el final de enero y los días -aunque fríos-, se alargan con más horas de luz…
Pues, resulta, cuanto menos paradójico, que en una sociedad tan avanzada como en la que vivimos, vivamos tan mal, con tantos problemas que acarreamos y que podríamos llamarlos domésticos, comunes, diarios, pero que nos hacen vivir con una gran insatisfacción, sin el control debido, y usamos de una resistencia obstinada que no nos deja dormir con un sueño reparador. Me despierto muchas veces, me levanto cansado, generalmente sin ganas de ir a trabajar… Y, bajando a por el coche, me viene esa angustia-ansiedad que me deja debilitado, exhausto sin ni siquiera haber entrado en la fábrica, en la oficina, en el colegio… Pero esto no es lo peor. Llega el fin de semana, que lo pienso desde el lunes, y llego a odiar que llegue ese viernes, sábado y domingo porque tampoco descanso y hasta me molesta tener que descansar. Y para colmo me tocan los hijos…
¿Qué me está pasando? Necesitas un parón, tu “máquina” está sin “aceite”… Por eso es bueno preguntarse de cuando en cuando cómo me encuentro y por qué. Estos días se ha celebrado el día mundial de la lucha contra la depresión, cuyas cifras del OMS son escalofriantes: dos millones y medio de personas en nuestro país, y unos trescientos millones en el mundo. ¿Qué me dicen queridos lectores? Esto no es ni salud, ni vivir bien, esto no es progreso, esto no es calidad de vida, ¡esto es una mierda de vida!. Y por eso viene bien el principio de año para plantearse una introspección de un mismo y “no echar balones fuera”, sino tomar el toro -tu toro-, por los cuernos como vulgarmente decimos, y plantear que ¡así no se puede vivir…!
Deja un momento el trabajo y coge un folio y escribe qué sientes, que se mueve por dentro de ti, qué necesidades tienes que no haces, qué emociones enquistas y no expresas, qué sentimientos que los percibes pero los acallas porque tienes miedo o vergüenza de expresarlos, sabiendo que cada emoción que callas saldrá de forma física: microinflamaciones que no sabrás de qué proceden, de ese cúmulo de emociones que se van pudriendo en tu ser, y no te das cuenta. Pero notas sentimientos muy específicos de pérdida del interés, tristeza en muchos momentos de tu día a día, no tienes la energía que antes alardeabas ante los demás, no descansas, no disfrutas de tantos milagros que tienes a tu alrededor, y estás ciego… ¡Hasta el apetito se me ha ido! Sí sabes una cosa clara, aunque no lo escribas en el folio, que no estás bien y que así no se puede vivir más tiempo…
Porque al final por algún sitio físico saldrá todo este paquete de sentimientos y emociones que sepultas tras meter más horas en el trabajo o en la perfección del mismo, sin tener un respiro para tomar una actitud más acorde a tu vida, a tu persona, a tu perfil psiconeurológico y a tu familia -si la tienes-, o a tu entorno social. No olvidemos que nuestra mente -por evolución- tiende a magnificar lo negativo, en las miserias que siente, en pensar en un futuro incierto y nada positivo… Estás en una “bajada ansioso-depresiva” con un estrés muy acusado y crónico. Pide ayuda, haz un programa de mejor alimentación, cambiando de actitud y relativizando todos esos sentimientos que no los paras, les dejas que se agolpen y te atrapen. Empieza un ejercicio diario media hora, todos los días. Sí, ya sé que no tienes tiempo, por eso lo necesita tanto como el comer. No tengas prisa, pero haz algo que te beneficie. No engroses ese número ingrato y malsano de dos millones y medio de personas depresivas. Si con estos consejos no mejoras, pide ayuda al profesional de salud mental, que seguro te dará una luz en tu camino.
Emilio Garrido-Landívar. Doctor especialista en Psicología de la Salud