"Hay tantas ganas de pasarlo bien, de disfrazarse ingeniosamente, de visitarse entre pueblos vecinos como joaldunak, que nadie se resiste a ello"

Actualizado el 29/01/2025 a las 22:59
El que se aburre será porque quiere, ya que aquí vamos de fiesta en fiesta, sin descanso. Cuando en las casas todavía queda algún que otro mazapanillo o guirlache y aún se ven roscos de Reyes en las pastelerías, aparecen los de San Blas, con su tentadora cobertura blanca en espera del día del Santo, que llena su plaza de exquisiteces: toda clase de roscos, chupetes y figuritas de caramelo y los dulcísimos martillos que todo niño quiere que le compren, y que días después de San Blas aparecen a medio comer entre los juguetes, o en cualquier rincón de la casa con toda clase de minucias pegadas en ellos.
Como entre nosotros toda fiesta tiene su gastronomía, además de los sabrosos platos con que se la anima, cada una de ellas tiene su bocado especial que aparece en las pastelerías justamente cuando se retira el de la celebración anterior.
Y como las fiestas son tan esperadas, también estas se adelantan al calendario, así que en algunos lugares ya han comenzado a celebrarse los carnavales aunque la Cuaresma no llegará hasta marzo, y son los dos o tres días previos a ella los de carnaval según costumbre de nuestros mayores.
Pero hay tantas ganas de pasarlo bien, de disfrazarse ingeniosamente, de visitarse entre pueblos vecinos como joaldunak, que nadie se resiste a ello, ni por supuesto a saborear los buñuelos de carnaval ni las torrijas, bocados tan propios de esos días.
¿Y qué haremos cuando llegue la fecha real, decimos los que todavía seguimos mirando el calendario? Quedan los de Lanz y ya llegan San José y sus virutas, los huevos de pascua y los buñuelos que la abuela hace como nadie, nos responden.
Sí, pero Semana Santa termina en marzo, ¿qué haremos hasta San Fermín? se lamentan los pesimistas. Siempre nos quedará la Escalera, los animan los optimistas, que aunque parezca que no, todavía quedan muchos.