Ante el inevitable declive de Navarra

Publicado el 17/01/2025 a las 05:00
No tuvimos ninguna duda mi mujer y yo cuando decidimos volver a casa e instalarnos en Pamplona para la nueva etapa de nuestra vida: la jubilación.
Después de casi 40 años por esos mundos (Bruselas, Washington, Miami y México) y con tres hijos que hemos dejado instalados felizmente en Estados Unidos, acudimos ilusionados a la llamada de las raíces y la familia.
Y, por supuesto, atraídos por una ciudad con excelentes niveles de bienestar logrados gracias al trabajo y esfuerzo de las generaciones que nos precedieron.
Asentados ya en Pamplona, no dudamos que fue la decisión correcta, pero nos alarma la sucesión de nubarrones que amenazan esa calidad de vida y nos preocupa que en el futuro nuestros hijos, si quisieran jubilarse aquí, no encontrarían la misma Navarra que hoy disfrutamos.
Observamos con inquietud las noticias de los últimos meses que dibujan un panorama cada vez más preocupante por la huida de empresas relevantes que consideran un perjuicio la alta fiscalidad de Navarra en contraste con otras comunidades.
A ello se une el incremento de las regulaciones, mayores trabas burocráticas, la agricultura y ganadería tambaleándose y un sector público que no deja de crecer, sin que la atención sanitaria, los niveles educativos y los servicios generales de la administración hayan mejorado.
El estancamiento en las condiciones de vida es evidente con una paulatina caída del poder adquisitivo y sin que graves problemas como la accesibilidad a la vivienda de los jóvenes hayan mejorado lo más mínimo.
En este contexto, salta a la vista el contraste entre la falta de oportunidades de los jóvenes y el relativo confort de los jubilados. De ahí que cada vez resuene más entre los jóvenes ese resentimiento hacia esos “afortunados” pensionistas como si los nacidos en los 40 y 50 hubieran tenido una vida fácil.
Frente al creciente desánimo de los jóvenes es imperativo aclarar que el bienestar no surge de la nada. El progreso económico real se obtiene con mucho esfuerzo, trabajo y sacrificio. Y tiene que ser de todos: de manera individual y colectiva.
Los jóvenes deben ser conscientes de su responsabilidad en comprometerse con tareas asumidas antes por sus padres. No todos pueden ser funcionarios y para ello las instituciones públicas deben favorecer a los emprendedores y poner en marcha los mecanismos adecuados para atraer proyectos empresariales de vanguardia.
A este panorama local hay que agregar la delicada situación de Europa, -en concreto Alemania y Francia- o la incertidumbre de las políticas de Donal Trump en Estados Unidos, que pueden agravar el futuro inmediato de las empresas navarras y, en consecuencia, nuestro bienestar.
El impacto que generará la inteligencia artificial es otro elemento de enorme incertidumbre porque sus efectos serán mayores que la revolución provocada por internet y la digitalización global. La manifiesta fragilidad europea en el desarrollo de la inteligencia artificial contrasta con la feroz pugna entre Estados Unidos y China para acaparar el liderazgo mundial.
Por todo ello, y más allá de los tópicos políticos del momento urge abrir un debate sobre el papel real de la singularidad de Navarra con un régimen fiscal lesivo en comparación a otras comunidades, cómo enfrentarnos a los retos económicos y cómo responder a la pérdida de competitividad.
Mantener los actuales niveles de bienestar no será fácil. Cada vez resultan más alarmantes las deficiencias en nuestro sistema sanitario, las lagunas en el sector educativo y las altas cifras de absentismo laboral. El esfuerzo individual y colectivo es imprescindible, pero también que el gobierno navarro cambie sus prioridades.
Al igual que la maquinaria recaudatoria de la Hacienda foral actúa de manera eficiente e implacable, deben comportarse otros servicios del gobierno para promover un crecimiento económico real que sostenga por muchas décadas los pilares del bienestar.
De otra forma habrá cada vez menos bolsillos a los que rascar un euro, la calidad de vida se irá evaporando y el ocaso de Navarra será una cuestión de tiempo porque debemos ser conscientes de que estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades y a cuenta del bienestar de las generaciones futuras.
Los jóvenes huelen que cada vez tienen más comprometido su futuro porque barruntan que nos encaminamos hacia una decadencia económica y por ello Navarra debe asumir que toca reinventarse o caer en una profunda crisis.
Estoy convencido de que estamos a tiempo de revertir esa tendencia con la determinación de la gente. Gente navarra maravillosa que está muy por encima del ruido y desprestigio de la cosa pública y que de una forma u otra acabará despertando para evitar esa caída en la irrelevancia de Navarra.
Emilio Sánchez-Carlos es periodista.