"Ya no hay franquistas, pero sí antifranquistas que han esperado medio siglo"

Actualizado el 12/01/2025 a las 23:45
"Franco ha muerto”, anunció Arias Navarro compungido, hace 50 años, desde aquella tele en blanco y negro, pero puede que se pasara de optimista, pues medio siglo después hay quien no termina de enterrarlo, lo mantiene operativo, lo saca del armario como un espantajo, lo necesita más que nunca.
Ya no hay franquistas pero sí antifranquistas que han esperado medio siglo. En el décimo aniversario, Jimnéez Lozano, un escritor anómalo y espléndido, que había soportado con dignidad los largos años del franquismo, anotó en su diario que muchos ya sufrían una especie de nostalgia -contra Franco vivíamos mejor- y quienes estaban en el poder echaban en falta aquellos momentos en que se soñaron puros.
Más tarde, cuando se cumplían 27 años sin Franco, en 2003, el grupo de Els Joglars, estrenó “Buen viaje, excelencia”, una película que contaba con un aire de comedia alucinada, un esperpento que daba risa y compasión a la vez, los dos últimos años de Franco, quizás la mejor obra sobre un personaje que no ha tenido mucho recorrido en el cine.
¿ERES SUSCRIPTOR? AQUÍ TIENES MÁS INFORMACIÓN SOBRE ESTE TEMA
Amplía la información sobre OPINIÓN en la edición e-paper de Diario de Navarra, disponible a diario para suscriptores de papel y PDF
El dictador se tomó su tiempo para extinguirse pero, pese a su debilidad, la oposición no logró derribarlo, lo que produjo en varias generaciones una gran frustración. Els Joglars veían a Franco en 2003 como algo ya muy lejano, ausente de una sociedad muy distinta y mucho menos interesada en él que ahora mismo.
La película es el relato del triste final de un pobre hombre senil, agotado, cuyo entorno, de forma cruel, quiere mantener con vida a toda costa, porque con ello se juega su propia supervivencia. Refleja la miseria y la ridiculez del poder absoluto, y contiene una despedida.
Quién daba miedo, ya daba risa y pena. La muerte de aquel anciano no fue el momento fundacional de nada. Enseguida se formaron largas colas frente a su cadáver, pues un dictador siempre deja una gran orfandad, y del miedo y la incertidumbre de aquellos días logramos salir gracias a quienes renunciaron a seguir en el poder y de quienes también descartaron toda venganza y eso si que merece la pena ser celebrado.