¿Por qué el centroderecha no ilusiona?

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David GArciandíA

Actualizado el 31/12/2024 a las 19:47

No nos afecta tanto lo que nos pasa sino lo que nos contamos acerca de lo que nos pasa. Y por eso todos -individuo, familia, pueblo, nación y civilización- necesitamos una historia épica que contarnos. Una narrativa sobre quiénes somos nos sitúa en el espacio y en el tiempo, dándonos sentido y dirección para caminar. Así, cuando uno sale de su tribu -piensen en quien se va de Erasmus- no se convierte en un individuo sin identidad que se pierde en la diversidad, sino que tiene algo a lo que aferrarse. Ello va desde lo más superficial, como cocinar una tortilla de patatas o cenar tarde, cosas extrañas para los extranjeros, hasta lo más profundo, como saberse heredero de una cultura latina de tradición católica y fuerte acento en las relaciones sociales.

Sin embargo, los hilos conductores que han cohesionado nuestra sociedad durante los siglos más recientes están muriendo. Estamos dejando de tener así historias que contarnos sobre quiénes somos, tanto en Navarra como en España. Tradicionalmente, la religión y el territorio eran dos de los marcadores de identidad más fuertes. Pero me temo que la primera está desapareciendo dada la secularización y la segunda está cambiando debido a la globalización, por la inmigración que llega y la emigración que se va, y la interconexión mundial que propician las redes sociales. Ya no hay una respuesta clara a qué es ser navarro, vasco o español. Estas identidades están siendo parcialmente reemplazadas por otras, como el vegetarianismo o el feminismo, que no tienen sin embargo una fuerza cohesionadora entre la población tan grande. Nuestra sociedad es, en definitiva, cada vez más “líquida”, tal y como acuñó Zygmunt Bauman.

Ante esta diversidad, a la que se suman además malas perspectivas económicas especialmente para los jóvenes, es difícil articular grandes consensos. No obstante, algunos partidos políticos lo hacen mejor que otros. Los partidos secesionistas tienen por naturaleza una gran historia que contar: independizarse del estado español opresor, liberando así a lo que imaginariamente entienden es su nación.

A escala mayor, pero también de corte nacionalista, Vox construye en esencia la misma historia: reforzar una nación española amenazada por el secesionismo, la descentralización, la inmigración ilegal y violenta, la globalización e incluso una Unión Europea que resta competencias estatales sin traer grandes beneficios a cambio. Podemos, en su día, también consiguió crear un hilo conductor que rentabilizó electoralmente: en el contexto de una fuerte crisis económica, “los de abajo” debían unirse para luchar contra las injusticias creadas por “los de arriba”.

Más recientemente, el PSOE está tratando de hacer algo similar al querer posicionarse como el defensor de unas libertades que se ven amenazadas aparentemente por la “fachosfera”. Sin embargo, los partidos de centroderecha no están consiguiendo crear una narrativa que ilusione a la población, salvo alguna excepción como Ayuso en torno a la idea de libertad en Madrid. El “antisanchismo” puede generar cierta reacción en el corto plazo frente a los evidentes pasos autoritarios dados en los últimos años, pero no es una historia suficiente en el largo plazo. Se necesita algo más.

Esta falta de dirección supone sin embargo una oportunidad. Las narrativas anteriores se construyen como oposición a parte de la sociedad, a la que se considera como “lo otro”. Los malos son, según el caso, los españoles, los separatistas, los de arriba o los de la derecha. Buscan enemigos con los que justificar los males que afloran, aunque luego esos partidos se escandalicen por la creciente polarización que ellos mismos contribuyen a crear. Por eso precisamente los partidos de centroderecha, tanto en Navarra como en España, tienen una gran ventana de oportunidad. Deben crear un hilo conductor que sea integrador, a diferencia de lo que los demás partidos políticos proponen. Una historia épica que devuelva la ilusión a grandes sectores de la población, ensanchando así sus propias bases. Porque sí es posible crear en la actualidad consensos como los de la Transición.

Y existen numerosos elementos para componer dicha historia. Por ejemplo, la defensa férrea de la democracia, los valores liberales y nuestra forma abierta de ser, el ingente crecimiento económico que la inteligencia artificial puede traer, las enormes oportunidades energéticas para un país con sol y viento, el abundante espacio para construir vivienda y reforzar así el proyecto de quienes quieren formar una familia. Estos son solo algunos de los temas con mayor potencial para crear un renovado orgullo de lo que supone ser ciudadano en nuestra tierra. Si los partidos de centroderecha consiguen estructurarlo acertadamente, un proyecto así supondría sin lugar a dudas un mandato de gobierno por muchos años, pues los jóvenes -menos apegados a “su” partido político- estamos deseosos de recuperar la ilusión.

David Garciandía Igal. Doctorando y profesor de Derecho de la UE en la Universidad de Oxford

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