"A San Juan Xar venía la gente con males de piel, se daban agua y luego se secaban con un paño que dejaban colgado -todavía se puede hacer- para ser quemado"

thumb

Pedro Charro

Actualizado el 29/12/2024 a las 22:44

Salgo temprano y la mañana no termina de levantar, la niebla tupida se pega al fondo del valle, junto al río y todo está gélido, aterido, humeante, con gotas que cuelgan de las ramas de los grandes castaños. 

Al llegar a la ermita de San Juan Xar, junto a Yanci, la niebla se vuelve rosa y se va desgajando y brilla por fin el sol que estaba escondido. Bajo hasta el río y la fuente de los tres caños de la que hay que beber. La ermita de san Juan está en una cueva, y en medio de este paraje, remoto y húmedo, parece la entrada al inframundo, allí donde Eneas, según se cuenta, entró con la Sibila que le acompañaba para no perderse, en busca de su padre, pues lo malo de bajar al infierno es saber cómo salir de él. 

En realidad este lugar es más bien de lamias y nieblas, un mundo inmemorial, pero por aquí también pasa una calzada romana, quizás, según se dice, la que iba de Tarraco a Oiasso, que es el puerto que los romanos hicieron junto a la actual Irún, pues también estas tierras vasconas fueron romanizadas, fueron Hispania. 

A San Juan Xar venía la gente con males de piel, se daban agua y luego se secaban con un paño que dejaban colgado -todavía se puede hacer- para ser quemado. Puede que desde tiempos de la lepra. Junto a la entrada de la cueva hay una gran imagen de San Juan, el que enciende las hogueras en junio, el que anuncia el verano. 

Fue Eneas, aquí mismo, quien se atrevió a entrar en la cueva con la sibila y la rama dorada que le salvaba de todos los peligros. Chesterton escribió que lo que da su esplendor a lo que existe, es encontrar algo a la vuelta de la esquina. 

La sorpresa está, pues, a la puerta de casa, no hay que ir a buscarla lejos. Hay que saber mirarla. El sol ya está en lo alto, pero enseguida se va velando y pierde fulgor, como corresponde a estas alturas del año que ha dado ya todo lo que tenía y desemboca en otro, exhausto. 

Que el año que entra sea menos interesante que lo que dicen los expertos, es el mensaje que me han enviado, que viene de la sabiduría china, tan apegada al fluir en silencio.

Pedro Charro Ayestarán es escritor

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora