"El discurso del Rey señaló lo que la mayoría piensa: resulta desesperante escuchar las sesiones de control al Gobierno, un juego de frontón regido por el lema 'Y tú más”

thumb

Juan Gracia Armendáriz

Publicado el 29/12/2024 a las 05:00

Al parecer, el discurso navideño del Rey volvió a perder audiencia por segundo año consecutivo, aunque el cómputo no sume los diversos canales: redes sociales, emisoras, vídeos de youtube o podcast donde muchos lo escuchamos al día siguiente. 

En todo caso, casi seis millones de telespectadores lo vieron en directo poco antes de atacar los entremeses. Quizá, no fue su discurso más brillante -que ha de pasar el filtro de Moncloa- pero el Rey, saltándose los entrantes fue al plato principal de modo sencillo y directo. 

Con la dana como hilo conductor, reclamó a los partidos políticos mesura, diálogo, trabajo por el bien común, coordinación entre los poderes central y autonómico. Exactamente lo que diría mi frutero. Algo tan obvio resulta poco vistoso, alejado de los temas flameantes y las sesiones parlamentarias, convertidas en veladas de boxeo. 

Lo que atrae la atención son los incendios partidistas, no la reforestación política. La prueba de que fue un discurso basado en la sensatez es que ni los ultravox se hicieron cargo del vídeo en las redes sociales; y los ultranacionalistas lo despreciaron tanto como la extrema izquierda gubernamental, cuyo único deseo es que el Jefe del Estado abdique en directo y proclame la instauración de la República Democrática del Congo. 

Sánchez descubrió hace tiempo que para hacerse notar debe hacer lo que Pablo Iglesias inauguró en la política española, esto es, la división, el enfrentamiento, el ruido y la cizaña, en honor a Detritus, el verdoso personaje del cómic de Obélix y Astérix. 

Pero no nos desviemos. El discurso del Rey señaló lo que la mayoría piensa: resulta desesperante escuchar las sesiones de control al Gobierno, un juego de frontón regido por el lema “Y tú más”. La bronca diaria tiene un efecto secundario peligroso: el desprestigio de la ya desprestigiada clase política, campo abonado para la llegada de un mesías demagogo de uno u otro signo, que apele a las emociones, al victimismo y al falso enemigo. Un flautista de Hamelin más habilidoso que Pablo Iglesias y menos deficiente que Alvise.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora