"Lo que eran nuestras ventajas y nuestro atractivo, como señalan muchos expertos, se están desaprovechando. Es como si nos estuviéramos boicoteando a nosotros mismos"

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Pedro Charro

Publicado el 23/12/2024 a las 05:00

Hemos sabido de varias empresas que quieren irse de Navarra. Algunas para siempre, otras cambiar de domicilio, irse a Madrid, salir de aquí. Esto ha creado mucha alarma, como es natural, pues nada como la contundencia de los hechos para contrarrestar el triunfalismo, las grandes palabras tan habituales desde el poder. 

Estas marchas reflejan que algo no marcha. Puede que esto no sea lo peor, puesto que desde hace tiempo muchos jóvenes bien formados, con talento e iniciativa, se marchan, casi siempre a Madrid también, en busca de mejores oportunidades y un mundo más ancho y respirable. 

No hay otra comunidad más denostada desde el progresismo que Madrid: se abomina su modelo económico y sus políticas, que sin embargo atraen irresistiblemente a quien quiere progresar de verdad. 

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Claro que, en vez de preguntarse por qué esas políticas triunfan y tratar de imitar lo que tengan de bueno, se intenta negar la evidencia. Acabar con el modelo de Madrid, dijo hace poco Sánchez, es el objetivo. 

Desde luego en Madrid no es todo bueno, y en muchos ámbitos juega con ventaja, pues es una gran urbe llena de vida y actividad, concentra la administración y los centros de decisión y en gran parte del mundo son las grandes ciudades donde se cuece todo, pero eso sería un razón más para espabilar. 

Una gran ciudad es también Barcelona, que siempre fue lo más avanzado y europeo de España, pero no parece que hoy los jóvenes, ni las empresas quieran ir allí. Puede que nosotros seamos pequeños, pero tenemos una autonomía fiscal que bien quisiera Madrid, y una tradición y tejido industrial que creíamos potente, pero que de pronto hemos descubierto frágil. 

Lo que eran nuestras ventajas y nuestro atractivo, como señalan muchos expertos, se están desaprovechando. Es como si nos estuviéramos boicoteando a nosotros mismos, como si nos diéramos un tiro en el pie. Una comunidad pequeña que va decayendo, a falta de impulso y definición en un mundo duro y cambiante, donde muchos aspiran al trabajo en la administración, es algo que cada vez parece definirnos más.

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