Empresas a la fuga y la industria navarra: una fortaleza que se agrieta

Fotos de la manifestación contra el cierre de BSH Esquíroz en Pamplona.
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Fotos de la manifestación contra el cierre de BSH Esquíroz en Pamplona
Fotos de la manifestación contra el cierre de BSH Esquíroz en Pamplona.

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Miguel Ángel Riezu

Publicado el 22/12/2024 a las 05:00

La fortaleza industrial de Navarra se agrieta. La pujanza de la industria constituye el elemento diferencial de la economía navarra, esa que asegura nuestro bienestar como comunidad. ¿La razón? Es sencillo, genera salarios más altos que otros sectores. Por eso la noticia del futuro cierre de la planta de BSH en Esquíroz, con 660 trabajadores, no sólo es un mazazo para otras tantas familias que ven truncada su vida laboral en la difícil madurez. Eso es lo primero. 

Pero es que también resulta un indicio doloroso de algo más profundo. Ahí están además el cierre de Tenerías Omega (79 trabajadores) en Villatuerta (Estella) o el de Sunsundegui (367 trabajadores) en Alsasua, todas tras el verano. La manifestación que ayer recorría Pamplona lo decía muy claro, es “por la industria navarra”. Y más nos vale hacer caso a las señales, porque nos hablan del mal que hay detrás.

Una historia que viene de lejos. La planta de Esquíroz, hoy de la multinacional alemana BSH, cumple cuarenta años. En su momento fue una magnífica operación para salvar un grupo industrial con problemas y generar nuevas décadas de vida industrial. Porque el origen del grupo de electrodomésticos se encuentra en la vieja Super Ser (fabricante de estufas), instalada en la fábrica de Cordovilla hace 60 años gracias al Programa de Promoción Industrial que permitió el paso de la Navarra agraria a la industrial gracias a visionarios como Félix Huarte y Miguel Javier Urmeneta. Todavía Navarra sigue viviendo hoy, en buena parte, de lo que se sembró en aquella época.

Y, claro, los tiempos son muy diferentes. Juan Córdoba, directivo con amplia experiencia en gestión industrial, lo señalaba de modo certero en estas páginas esta semana. Numerosas industrias viven de un “préstamo”, el de presentar costes más baratos aquí para las multinacionales que los países de origen. Pero esa ventaja se pierde cuando aparecen nuevos destinos a su vez más baratos, que son los que arrebatan la producción a Navarra. Léase Polonia o Turquía. 

Y nosotros no hemos sabido o podido, a cambio, aportar “valor frente a margen” en atinada expresión de Córdoba. Los costes no pueden ser la ventaja competitiva de Navarra. El nivel de vida del que disfrutamos no nos lo permite.

Un ecosistema amigable para la inversión. Hay otra realidad. La vida de las empresas tiene un comienzo y un final. Es así. Otra cosa es que el final pueda adelantarse de golpe (como el caso de BSH) desde un frío centro de decisión empresarial a 1.500 kilómetros y sin que las autoridades de Navarra se den cuenta. Ahora toca pelear para ayudar a conservar el empleo.

Pero como comunidad debemos tener una estrategia que vaya más allá. Lo inteligente a medio plazo es generar el caldo de cultivo que haga que existan nuevas iniciativas que sustituyan a las que puedan morir. Y no es nada fácil. Por supuesto, crear este “ecosistema” que sea amigable para las empresas exige muchas cosas; infraestructuras, red de comunicaciones, personas preparadas (universidades y FP), centros de investigación, entorno de servicios de calidad, etc.. Todas importantes. 

Pero Navarra tiene además un elemento diferencial y propio: la fiscalidad. Su autonomía (basada en los Fueros) permite que pueda ofrecer incentivos fiscales selectivos que hagan atractivo a una empresa venir a esta tierra.

Una renuncia suicida. Ahora, el Gobierno foral “renuncia” a usar esta baza. Mejor dicho, la usa sólo para un par de cosas (la producción de películas o la inversiones en reciclaje de palas eólicas). Como si estuviéramos sobrados de inversiones que se pelean por venir a Navarra.

Por contra, la tarjeta de visita que presenta fiscalmente nuestra comunidad para las empresas es para salir corriendo. Si en el resto de España el tipo que pagan las grandes empresas por sus beneficios es del 25%, en Navarra es del 28%. Ojo, y en Euskadi es el 24%. Y tiene bemoles la cosa porque en Euskadi gobierna el PNV que es el partido al que pertenece el consejero del ramo en Navarra, Mikel Irujo, que es alguien que conoce muy bien la realidad de las empresas. 

Mismo partido muy distinta solución. ¿La razón? Porque, en el fondo, es EH Bildu quien no quiere ni hablar de rebajas a las grandes empresas. Y Bildu es quien tiene la llave del Gobierno de la socialista María Chivite. Y es que las malas estrategias, al final, se pagan.

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