Una mirada a la salud en Europa

Publicado el 17/12/2024 a las 05:00
Cada dos años la Unión Europea y la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) publican un informe sobre la salud en Europa: “Un vistazo a la salud en Europa-Health at a Glance: Europe”. Está elaborado por un grupo de expertos que analizan los principales desafíos a los que se enfrentan los sistemas sanitarios europeos (a este mismo desafío se enfrenta el Sistema Navarro de Salud, pensando en lo que fue y su sombra que es ahora). Se estudian un conjunto de indicadores referentes a recursos sanitarios, causas de morbi-mortalidad y el gasto sanitario de cuarenta países (los 27 de la UE y trece más, incluido el Reino Unido), que reúnen un total de 670 millones de habitantes.
El panorama general no es muy alentador y no solo en aquellos países del Este de Europa donde los recursos asistenciales son menores, sino que existen amenazas reales en los países más prósperos. Esta vez el estudio lleva a cabo un análisis en profundidad en dos asuntos relevantes: la escasez de personal sanitario en Europa y los problemas que se derivan del envejecimiento de la población, este último de una gravedad insoslayable que, a su vez, supone una sobrecarga del personal sanitario y de recursos económicos.
Existen dos factores determinantes de la inversión de la pirámide de la población: el aumento de la esperanza de vida (la investigación biomédica sigue descubriendo mejoras en el tratamiento de las enfermedades y, por tanto, vivimos más años) y la disminución de las tasas de natalidad. Un dato que no por conocido sorprende menos: en el año 2000 el porcentaje de europeos mayores de 65 años era del 16% y en el 2023 ha subido al 21,3%. Si se tiene en cuenta que la tasa de fecundidad media es de 1,46 hijos por mujer en edad fértil, el panorama es demoledor. Las consecuencias son fáciles de predecir: un incremento de enfermos crónicos que requieren una atención sanitaria creciente y de larga duración, mientras que la población activa que ha de sostener el sistema disminuye.
Este es el resultado de una Europa arrodillada frente a sí misma, sin defensas porque ha renunciado a sus principios. Vive en el magma de un materialismo rampante sin otro horizonte que la contemplación de su propia destrucción, absorbido por su larga y torpe inacción. Una Europa que se desangra en el marco de la desunión de las distintas familias políticas alimentada por una triste y mediocre visión del futuro. La torpe política de natalidad de Europa afecta, como una inevitable consecuencia, a la falta de profesionales sanitarios porque más de un tercio de los médicos y un 25% de las enfermeras de la Unión Europea tienen más de 55 años y habría que reemplazarlos. Además, una veintena de países -entre ellos el nuestro- ha declarado tener escasez de médicos, mientras que 15 países declaran tener escasez de profesionales de enfermería. Teniendo en cuenta el mínimo de dotación de personal para una sanidad universal en Europa, se estima un déficit de 1,2 millones de médicos, enfermeras y matronas en 2022. La única solución es acudir a profesionales extranjeros. Así, en 2023, más del 40% de los médicos de Noruega, Irlanda y Suiza y más del 50% de las enfermeras de Irlanda eran extranjeros. Esto empobrece el personal sanitario de sus países de origen e incrementa la fragilidad de su estructura sanitaria.
El envés de la moneda radica en el adecuado enfoque de la atención a una población cada vez más envejecida. La proporción de personas mayores de 65 años sufrirá un incremento notable: se estima que pasará del 21% en 2023 al 29% en 2050. La esperanza de vida media cercana ya a los 82 años en 2023 (en España dos años por encima) supone un aumento considerable de personas con enfermedades crónicas y discapacidades. Prevenirlas -y de esto se sabe cada vez más- supondría un alivio en las futuras cargas sanitarias. Solo el 22% de las personas mayores de 65 años realizan el ejercicio recomendado y es la causa, en no pocos casos, de enfermedades cardiovasculares, depresión y otros trastornos como la obesidad, factores de riesgo de enfermedades crónicas. Un número significativo de muertes prematuras se evitarían reduciendo el tabaquismo, el alcoholismo y la obesidad, factores de probada fiabilidad en sus consecuencias.
Los jóvenes, que parecían inmunes a consideraciones relacionadas con la salud por su escasa incidencia, protagonizan una inquietante preocupación por los efectos especialmente psíquicos causados por el abuso de internet, las redes sociales, la exposición al ciberacoso y también el confinamiento. Muchos jóvenes descuidan, como sucede con los adultos, la actividad física y una alimentación adecuada. Las desigualdades económicas explican en gran medida las altas tasas de obesidad entre los miembros de las familias más pobres: la comida sana es más costosa. Todos estos factores afectan sobremanera a la salud de nuestro país y a la de nuestros vecinos europeos.
Francisco Errasti es economista.