Puigdemont agita el tablero político

El prófugo secesionista se permite calificar al presidente Sánchez como alguien que no es de fiar y le pide una cuestión de confianza. Tras tanta claudicación, se siente dueño de la legislatura

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Editorial DN

Publicado el 10/12/2024 a las 05:00

El pretendido impulso que el presidente Sánchez y el PSOE trataron de dar al partido y al Gobierno en el congreso de Sevilla no les termina de cuajar. Porque una cosa son los discursos oficiales y los aplausos de los entregados militantes, y otra la avalancha de la realidad de una legislatura que se antojó compleja desde sus inicios. Por la responsabilidad del líder socialista y los socios que ha elegido para dirigirse otro mandato más en Moncloa. A la incidencia que pudieran tener en el paso del Gobierno los siguientes episodios en los casos de Ábalos, la mujer y el hermano del presidente Sánchez y del fiscal general, ayer se sumó a la agitación política el prófugo Puigdemont. Acostumbrado como está a las claudicaciones del presidente Sánchez a sus deseos con el fin de seguir en la Moncloa, Puigdemont anunció que su partido ha registrado en el Congreso una iniciativa parlamentaria para pedir que el presidente se someta a una cuestión de confianza. “Hoy Sánchez ha demostrado que no es de fiar”, advierte Puigdemont. Cierto que no es una iniciativa vinculante, y que sólo el Gobierno puede activar la cuestión de confianza, pero no deja de ser bochornoso, que quien se ha fugado hasta en dos ocasiones de nuestro país para eludir la acción de la justicia, sienta que tiene el poder para manejar el futuro de la legislatura a su antojo. Una realidad que hasta ahora han dejado notar los secesionistas con negociaciones extenuantes, retratando la debilidad de Sánchez, y que quieren exprimir en plena negociación presupuestaria. El PSOE respondió a Puigdemont pidiendo tranquilidad, señalando que el partido y el gobierno cumplen, y que están en medio de la negociación de los presupuestos con los socios. Hasta ahí, todo claro. Tan claro, como que es evidente que todos los partidos que forman la mayoría de investidura están dispuestos a estirar al máximo en pos de sus intereses propios. Su tramitación, a la que el Ejecutivo no puede renunciar sin exhibir una patética debilidad, será, esta sí, una suerte de moción de confianza que medirá su fortaleza parlamentaria.

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