Sin normalidad tras la catástrofe
"Un mes después de la DANA, los gestos desesperados de los afectados reflejan importantes carencias en la coordinación y medios en el reto pendiente de la recuperación"

Publicado el 30/11/2024 a las 05:00
Volver a empezar es una ardua tarea para quienes lo perdieron todo en la terrible DANA que azotó con especial virulencia la comunidad valenciana. Un mes después de las riadas que provocaron 222 muertos y una colosal devastación, los gestos desesperados que perviven entre los miles de afectados por el desastre reflejan graves carencias de coordinación y medios en el reto pendiente de la recuperación. Las imágenes de coches apilados en desguaces, edificios desalojados y colegios que siguen sin abrir revelan que lo más urgente es apuntalar la normalidad para luego avanzar en una reconstrucción que llevará largo tiempo, en la revisión de las medidas preventivas y en la depuración de responsabilidades políticas por la deficiente respuesta inicial. Y que siguen generando importante polvareda, tal como quedó acreditado en el pleno del Congreso de este miércoles. La comparecencia del presidente Sánchez para exponer sus conclusiones sobre la actuación del Gobierno ante la DANA dio lugar a un debate parlamentario, especialmente con Feijóo, que sigue ofreciendo más dudas que certezas y más desencuentros que empatía de la política hacia los afectados. El veredicto del presidente Sánchez volvió a parecer inapelable: “No falló el sistema, sino algunas personas”. Falló el presidente Mazón. Pero hubo más responsables públicos que pudieron haber actuado de manera más eficaz o proactiva. Empezando por el propio Sánchez. El “sistema” no funcionó de pleno, ni antes ni después del 29 de octubre. Tampoco funcionó cuando el presidente Sánchez anunció un nuevo paquete de medidas frente a los efectos de la DANA. Todas ellas son bienvenidas, pero rehúyen lo que ha de ser nuclear para hablar de “sistema”. La cooperación entre instituciones en el Estado compuesto de las autonomías. Las muestras de solidaridad ciudadana han sido ejemplares. Pero capear una crisis de esta envergadura requiere gestores públicos de la máxima competencia capaces de desplegar con urgencia cuanta ayuda sea necesaria. Por desgracia, hasta ahora no ha sido así.