San Saturnino, un patrón eclipsado

Publicado el 29/11/2024 a las 05:00
Es frecuente escuchar a los turistas que visitan la ciudad: ¿No es San Fermín el patrón de Pamplona? Lo mismo sucede en los concursos de las distintas televisiones nacionales: ¿Cuál es el patrón de Pamplona? Y responden equivocadamente: San Fermín. Posteriormente viene la segunda pregunta: ¿San Saturnino y San Fermín son los mismos? Los guías responden rápidamente: San Fermín es el copatrón de Navarra, junto con San Francisco Javier. San Saturnino o San Cernín es el patrón de Pamplona. La mayoría de las personas de fuera de Navarra desconocen estos datos.
Por eso decimos que el santo francés está eclipsado, ensombrecido, ocultado y deslucido, porque apenas tiene eco social. Pocas son las informaciones que tenemos del santo. En el idioma occitano navarro, en época medieval, es denominado también Saint Sernin, más tarde Cernin. Según las Actas de Surio, nació en la Galia (Francia), durante el mandato del emperador romano Quinto Decio, en el siglo III; fue misionero que se desplazó por la región de Aquitania, convirtiendo a varios paganos, como Honesto, que, formado, viajó a Pompaelo. Se considera a Saturnino el primer obispo de Tolosa (hoy Toulouse).
Posteriormente, Saturnino también viajó a Pompaelo y juntos constituyeron varias comunidades religiosas y bautizaron a decenas de ciudadanos con creencias politeístas, como el senador romano Firmo, su esposa e hijo Firminus, posterior obispo de Amiens.
Según la tradición, en su ciudad natal Tolosa había un templo consagrado al dios Júpiter, padre de dioses y hombres en la mitología griega, y Saturnino tenía que pasar por allí todos los días para desplazarse al oratorio cristiano donde ejercía la catequesis. Los seguidores del dios estaban enfadados porque sus peticiones no eran acogidas y le echaron la culpa al obispo Cernin, que se negó a adorar a sus dioses.
Antes de sacrificar un toro para Júpiter, la multitud, alterada, cogió al obispo Cernin, lo ató al cuello del animal y le azuzaron para que corriera por las escalinatas del capitolio. El cuerpo quedó destrozado y los cristianos lo recogieron y lo enterraron en una fosa en el siglo III. Siglos más tarde, descubrieron su tumba y construyeron una capilla con sus reliquias.
El culto, que se inició en Pamplona a favor del mártir Cernin, es de origen francés y data del siglo XI y XII, cuando los numerosos pobladores francos y los peregrinos hacia Santiago trajeron su devoción. Según el relato del obispo Pedro de Roda, construyeron un templo bajo su advocación, en torno al barrio o Burgo de San Serenin o San Cernin. Entre los años 1180 a 1200 consta la existencia de una iglesia románica pequeña, la cual en la guerra de la Navarrería (1276) sirvió de fortaleza y defensa, sufriendo el edificio graves deterioros.
Después del enfrentamiento entre los Burgos, se erigió la actual iglesia gótica de nave única, terminada a finales del siglo XIII (1277-1297), aunque posteriormente se incluyeron otros complementos como la capilla de la Virgen del Camino, reina y señora de Pamplona. Sin olvidar la torre de la campana que, con su sonido recio, obligaba a cerrar las puertas de la ciudad al anochecer, así como la torre del reloj, pregonera del inicio del encierro al despertar la mañana. ¿Qué decir del “gallico de San Cernin”, símbolo de la ciudad?
Dentro del barrio todavía se conserva “El pocico de San Cernin”; según la tradición, San Saturnino bautizó con esa agua a los componentes de las primeras comunidades cristianas, entre ellas a la familia de San Fermín. El Casco Viejo medieval de Pamplona se preciaba de tener cinco iglesias: San Juan Bautista, San Nicolás, San Lorenzo, San Agustín y San Cernin.
La fiesta de San Saturnino se celebra el 29 de noviembre y es patrón de las poblaciones de Pamplona y Artajona; San Saturnino de Osormort, San Sadurní de Noya, Montornés del Vallés y Montmajor en Barcelona, en cuyo escudo se contiene un toro, mitra, báculo y una cruz; San Sadurní de Heura en Girona y Ventosa en La Rioja.
Finalizado el día, se cierra el telón y San Saturnino, que tuvo más transcendencia en Pompaelo que su discípulo Firminus, queda eclipsado hasta el próximo año. Quizás el poco entusiasmo del Ayuntamiento en impulsar al santo y las rejas y el sombrío atrio porticado de entrada en la iglesia dificultan su visita y favorecen que los peregrinos y turistas caminen sin detenerse en busca de la capilla de San Fermín.
Propaguemos a nuestro santo patrón y hagamos realidad las palabras de Pablo Neruda: “Me enseñaste a todo, excepto a olvidarte; aunque el amor es breve, que nunca llegue el olvido.
Luis Landa El Busto, escritor e historiador