El odio mal gestionado, mata

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Emilio Garrido

Publicado el 24/11/2024 a las 05:00

Estos días, la prensa se hace eco de varias actuaciones sociales, empresariales, grupales que dejan mucho que desear y que, yo que soy adicto a la prensa navarra, leo entre líneas muchas emociones que me dejan el cuerpo triste, contraído. Sí, el cuerpo, porque todas las emociones tienen sus repercusiones en lo físico… Pues, lo siento, no quiero empeorar la situación, pero percibo emociones con una base de odio, enojo, ira. 

El odio es una emoción que se centra en pleno cerebro reptiliano, límbico y que conecta con el córtex, por eso dura tanto y permanece oculto, disfrazado… La ira es la madre o hermana del odio, el enojo, la cólera, que aunque sean emociones básicas como lo es la felicidad o la tristeza, no gestionándolas bien se convierten en tóxicas. 

Pues el odio como emoción pasa a ser sentimiento, que dura más que la emoción y es más consciente, más cognitiva, dejando de ser una emoción para la supervivencia, pues ha evolucionado tanto como ha evolucionado la historia y la epigenética en nuestra humanidad.

Evolutivamente, la ira, el odio, ya no nos prepara para la huida, la lucha, a no ser que unilateral y personalmente uno se haya quedado evolutivamente en un cerebro reptiliano. 

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Y, todos conocemos en nuestra tierra grupos que siguen anclados en el pleistoceno emocional, porque siguen odiando, siguen con la ira como estructura distorsionada y activada por la ínsula de Reil, incrustada ésta en la corteza cerebral, cuya misión es inhibir o estimular emociones como la ira, el odio y la falta de empatía. 

Sabemos de sobra que luchar por la supervivencia no es matar al contario: ¡que sería la emoción más agresiva y prehistórica! No es aniquilarlo porque no comulga con nuestros modos de pensar y sentir más evolucionado, esto no es supervivencia; gestionándola bien es pelear para combatir la injusticia, cambiar las leyes, cumplir las reglas morales que nos hacen más humanos, pedir perdón, arrepentirse de los daños hechos con o sin cognición en épocas anteriores…; esto sí es evolución. 

Cuando la ira, el odio, aparecen periódicamente o forma parte del ADN -aprendido, sufragado-, y es desproporcionada, quien la padece valora el mundo que le rodea como algo terrible y no puede para nada cambiar de emoción/sentimiento, porque le parece tan terrible lo que vive, aunque sea distorsionada, aunque objetivamente no sea real, pero así lo vive desde siempre, que además, es incapaz de entender que la empatía y el perdón le liberaría de semejante estrés emocional. 

Si el resentimiento, el enojo perduran y no se hace nada para gestionarlo, se limitan las facultades cognitivas, actúan con una rigidez cognitiva que no entran en razón y, es de tal magnitud su rigidez que puede decir y hacer actos que no se arrepiente porque su cerebro reptiliano no puede llegar a concebir que es él quien está esclavo de esos pensamientos tóxicos y exagerados… De los que no acaba de aceptar como parte de su deterioro cognitivo y rigidez; creyendo que esa forma de actuar activa su supervivencia patológica. 

Es cuando observamos que esa emoción no es una supervivencia, sino vida destructiva para sí mismo y para cualquier grupo social que tenga la desgracia de asumirlo como líder, jefe o consejero. 

Creemos desde las ciencias humanas y desde la salud personal y social, que se hacen estas personas incapaces de poder motivar situaciones empáticas, saludables que promuevan y fomenten el progreso, el crecimiento personal, la capacidad de grupo, y dar la oportunidad a ese mismo grupo de conectar emocionalmente, creando una conexión de grupo necesaria en toda sociedad para prosperar en una idea que aglutine a todas las personas hacia un objetivo específico de progreso humano. 

Porque sus emociones son tóxicas e incapaces de aglutinar lazos de unión, pues si el líder está con emociones tóxicas, infectará todo lo que toca, aunque lo haga de forma inconsciente… 

Sin emoción no hay motivación, y si la emoción es tóxica, la motivación estará alterando el bienestar propio y el de aquellos que son nuestros grupos de trabajo. No queda otra, si quieren liderar la sociedad en la que viven, tienen que aceptar, tienen que pedir perdón, tienen que empatizar con quienes han sufrido, con quienes ya no están y no hay otro camino para liberarse de esa situación de odio y rencor. 

Es la única solución para seguir viviendo y dejar vivir a quienes sufrieron graves heridas, el perdón implica una decisión intencional-cognitiva de dejar atrás el resentimiento y la ira, y así nos traerá la salud y la paz.

Emilio Garrido-Landívar. Doctor especialista en Psicología de la Salud.

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