"Hay a quien pagarías por ver muchas veces y a otros que te preguntas por qué los ves con tanta frecuencia si te ponen la cabeza como un bombo"

Actualizado el 11/11/2024 a las 23:21
Hay personas a quienes confías secretos, y otras con las que compartes ideas. Es una suerte disfrutar de individuos generosos y divertidos, incluso de aburridos incondicionales. Hay a quien pagarías por ver muchas veces y a otros que te preguntas por qué los ves con tanta frecuencia si te ponen la cabeza como un bombo. Hay tardes en las que nada como un libro y un sillón, y otras en las que añoras reunirte, charlar, reír y compartir como si no hacerlo abriera una carencia insustituible en tu vida. ¡Se agradece tanto a esos amigos que saben estar cuando se les espera y alejarse cuando necesitas soledad! Tienen un don.
Me vienen a la memoria semejantes reflexiones al hilo de las personas que han perdido amigos en la catástrofe de Valencia y que lo han sufrido y contado con el dolor anclado en el estómago de la reciente tragedia. “La riada se llevó a mi amigo en un momento. Estábamos juntos y el agua lo arrastró con una fuerza imparable”, decía un superviviente a quien el apocalipsis de agua robó la vida de un ser muy querido. ¡Hay tantas cosas dentro de la palabra amigo que no se cuantifican en los balances de daños! Un amigo es un hallazgo de gustos y tiempo compartidos. Hay quien sin pretenderlo puede transformarte y en un instante.., un accidente de coche, una enfermedad repentina, una riada, se lo lleva como si estar aquí para dejar en ti su huella hubiera sido el encargo vital que tenía asignado.
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Hay en esas ausencias arrancadas una sensación que permanece. Una herida que es un vínculo sostenido, un poco mágico, doloroso, espiritual. Ellos, un día cualquiera, de un mes corriente, de un año al azar, salieron de casa, no sé, a comprar el pan, a trabajar o a dar una vuelta y de repente una feroz circunstancia (una dana por ejemplo) se los llevó sin contemplaciones. Antes se corrige el boquete abierto en la calle anegada que el personal. Se fueron sin conciencia de que su viaje lo era sin retorno y no pudieron despedirse. Acababan de confiarte un secreto, citarte al último café, la última salida en bici y se esfumaron con la violencia de una circunstancia atroz que te va a regresar muchas veces. Porque la ausencia en ocasiones es una presencia que ha decidido quedarse a tu lado.