Pocas lecciones

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Álvaro Bañón

Publicado el 06/11/2024 a las 05:00

Nadie me va a tener que convencer de que Trump es un patán. Es un condenado por soborno y encausado por otros delitos graves. Además, es un mentiroso, un misógino y un machista. Y probablemente, un peligro. No me cabe duda.

Pero, una vez más, me asombra la doble vara de medir. Tenemos a media prensa española en los condados del medio oeste americano, a 8.000 km de España, contando votos y preguntando a paisanos que cómo es posible que vayan a votar a Trump. Aquí, sin embargo, el PSN pacta por sexto año consecutivo los presupuestos con EH Bildu y eso es “normalidad y convivencia”. Bildu viene de donde viene, su líder es un condenado por secuestro y nunca ha pedido perdón. Pero Trump muy mal, sí.

Las corresponsales de TVE en Estados Unidos están a dos telediarios de empezar a reñir a los votantes de Trump a la salida de los colegios en Wyoming, pero aquí nadie pestañeó cuando en las últimas elecciones (las europeas de mayo) EH Bildu ganó, con holgura, en el País Vasco. Pero el problema es la victoria de Trump en Little Rock, Arkansas.

Nos encanta dar lecciones a los Estados Unidos, la democracia más antigua del mundo. Claro, luego uno reflexiona y ve que aquí tenemos a la Abogacía del Estado (¡del Estado!) convertida en el bufete de abogados particular de la mujer del presidente del Gobierno y presencia cómo los dos principales partidos se reparten sin pudor el Consejo General del Poder Judicial. Además, el gobernador del Banco de España es un ex ministro del Gobierno, y el Fiscal General de Estado está encausado por filtrar correos de un ciudadano anónimo para atacar a una adversaria del Gobierno. Todas las instituciones supuestamente independientes están totalmente colonizadas por el Gobierno al que deben de controlar. Pero nos fijamos en Estados Unidos y nos llevamos las manos a la cabeza.

Estados Unidos, en cambio, cuenta con un sistema de contrapoderes perfectamente diseñado hace 250 años para, básicamente, controlar al poder y especialmente al presidente. Uno de ellos, Nixon, dimitió por mentir. Nos entra la risa, ¿verdad?

Cada Congresista y Senador norteamericano responde directamente ante sus electores, no ante el partido, y cada voto suyo en cada ley es examinado posteriormente. Cada proyecto de ley debe ganar los votos uno a uno con independencia del partido de cada representante o Senador. Aquí basta con mirar el dedo que levante el portavoz para votar. Y claro, no se leen una modificación de una ley de cuatro folios.

En fin, como digo, Trump no me gusta absolutamente nada. Pero nada de nada. Sin embargo, aquí estamos para dar pocas lecciones a la democracia americana.

Alvaro Bañón. Economista

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