Estados Unidos se la juega
Las reñidas elecciones en las que Harris y Trump se disputan este martes la Casa Blanca son trascendentales para todo el planeta

Actualizado el 05/11/2024 a las 09:39
Fracturado en dos mitades aparentemente irreconciliables, Estados Unidos elige este martes un nuevo presidente en el pulso en las urnas más accidentado de su historia -con atentados fallidos contra Donald Trump- y uno de los más reñidos.
Una confrontación en la que la aversión al rival, cuando no el alimentado odio a lo que simbólicamente representa, constituye una baza tan influyente o incluso más para decantar el voto que las propuestas programáticas.
Era lo previsible con un candidato tan atípico como el republicano, que promete comportarse como “un dictador” si regresa a la Casa Blanca, repite consignas xenófobas y racistas, lanza gruesos insultos a su contrincante y advierte que considerará un fraude cualquier resultado que no le atribuya la victoria pese a la extrema igualdad que dibujan las encuestas.
Kamala Harris, que se presenta como abanderada del diálogo en medio de una divisiva polarización, le ha llamado “fascista” -un calificativo casi tabú en la política norteamericana- y peligro para la democracia.
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Trump tensionó hasta al máximo las cuadernas de las instituciones durante su primer mandato, con el insólito asalto al Capitolio como estrambote. La amenaza que su reelección supondría para el sistema es un factor movilizador favorable a la vicepresidenta, pero compite con otros tan determinantes al menos como la situación económica, la inmigración o la seguridad, terrenos abonados para el populismo radical.
EE UU se juega mucho en un envite trascendental también el resto del mundo. En un contexto en el que está en disputa la hegemonía global, el protagonismo de la primera potencia será muy distinto según gane la visión multilateralista de la candidata demócrata, dispuesta a mantener un firme apoyo a Ucrania, fortalecer la OTAN y plantar cara a China y Rusia en su propósito de cambiar las reglas del juego, o el aislacionismo que propugna Trump, contrario al papel de Estados Unidos como guardián del planeta, y su sintonía con las principales autocracias.
Está claro por quién apuestan Xi Jinping y Putin. Pero la última palabra la tienen los norteamericanos.