El Rincón
Tsunami en Valencia: frente a la inquina política, la solidaridad emocionante y generosa de los ciudadanos de a pie ante la desgracia
Ahora sólo toca trabajar y ayudar. Codo con codo. Dar ejemplo


Actualizado el 02/11/2024 a las 23:21
La tragedia que sepulta bajo el lodo múltiples localidades de Valencia desde el martes ha eclipsado todo lo demás en nuestro país. Así debe ser. Enfrentarse al mayor desastre natural de España en décadas exige ahora sólo una cosa: volcar todo el trabajo y los recursos (¡todos!) en ayudar a las víctimas y a los cientos de miles de damnificados. Y recuperar cuanto antes los servicios (luz, infraestructuras)_en una zona devastada por el agua. Esas son las únicas prioridades reales. Un cataclismo que, en cualquier caso, genera muchas reflexiones.
La percepción del riesgo. Una de las primeras es que nuestra sociedad, y cada uno de nosotros, hemos bajado la guardia en cuanto a la percepción del riesgo. Vivimos en un mundo tan comunicado, tecnológico y moderno que pensamos, en nuestro subconsciente, que no nos enfrentamos a grandes peligros a estas alturas del siglo. Que todo está controlado. Y no es verdad.
Se nota en cosas tan cotidianas como las que recuerdan los servicios de emergencia en esta tierra un día sí y otro también; que seguimos saliendo al monte cuando se avisa tormenta o que no hay aviso naranja que haga deshacer un plan de fin de semana. La naturaleza sigue siendo una fuerza descomunal, a la que queremos plantar cara, pero que en absoluto controlamos. Ya ocurrió en Valencia otro fenómeno similar, la gran riada de 1957, que obligó a desviar el cauce del río Turia por el sur (algo que ha salvado ahora a la ciudad).
Parece que vivimos en un tiempo en que además los fenómenos extremos se vuelven más frecuentes y los científicos lo achacan al cambio climático. Las imágenes de la llegada de las riadas a algunos pueblos de Valencia recuerdan casi a las del tsunami de Japón de 2011 (salvando las distancias de las cifras). Nadie esperaba una ola así. Pero se produjo. El problema es si estamos preparados. Es evidente que la respuesta es no. Nadie lo vio venir.
Administraciones desbordadas. No sólo eso. Es indiscutible que las administraciones se han visto totalmente sobrepasadas por la magnitud del desastre. Como muestra, han tenido que pasar varios días hasta que se decidiera movilizar al Ejército (al margen de la UME), el brazo más potente y formado con el que cuenta el Estado para ofrecer seguridad a sus ciudadanos. El Ejército está también para esto cuando las fuerzas de seguridad y emergencia se ven desbordadas por la magnitud del desastre e incluso por los saqueos de unos desalmados.
En cualquier caso, una lenta reacción, que ha provocado el lógico cabreo ciudadano, y que habla también de que no se puede confiar todo a los protocolos. Que las necesidades más básicas no entienden de la rígida y a veces miope división de competencias entre administraciones. Que eso, a los ciudadanos les trae sin cuidado. Que esperan de las autoridades liderazgo y decisiones. Y que si normas y comisiones se convierten en un freno para poner todos los recursos a trabajar al máximo nivel desde el minuto uno, habrá que cambiarlas, porque no sirven. Para repensar.
Toca dar ejemplo. Habrá que analizar también, y en su momento, si la alerta meteorológica era suficiente o no y si la gestión de los avisos a la población en el inicio fue muy tardía (como parece).
Pero habrá que analizarlo más tarde, con sosiego, desde la mirada experta de los técnicos y al margen del color de la administración política afectada. Para afinar responsabilidades (si las hubiera) y, sobre todo, para aprender de esta catástrofe de cara a la siguiente. Ahora sólo toca trabajar y ayudar. Codo con codo. Dar ejemplo.
En vez de ello, lo que hemos tenido es ya claras cuchilladas partidistas, de afearse culpas entre las administraciones según sea del PP o del PSOE el color de quién reparte mandobles. Para llorar.
Frente a esta inquina política, la solidaridad de los ciudadanos de a pie ante la desgracia. Emocionante y generosa. Comenzando por los valencianos con esas imágenes que impresionan de mareas humanas acudiendo a pie, con un cubo y una escoba, a ayudar donde haga falta. Por las personas que se han desplazado desde lejos, también desde Navarra, para echar una mano en lo que sea. Y, desde la distancia, las iniciativas que surgen por todos los rincones de la Comunidad foral. Entidades, ayuntamientos, bares, comercios, recogen este fin de semana alimentos y ayuda económica. Eso es Marca Navarra. Una ola de humanidad solidaria que genera esperanza. Para aplaudir.