El chupinazo del crimen

Publicado el 12/10/2024 a las 05:00
Tenía la intención de completar el magnífico artículo de Manuel Sarobe sobre “El sufrimiento infinito de los Ulayar”, cuando al tiempo de ponerme a escribir, leí al columnista de 'Diario de Navarra', Manuel Campo Vidal, que refiriéndose a la masacre provocada por ETA en el centro de Madrid, junto a la cafetería Rolando el 13 de septiembre de 1977, titulaba “No archivemos nunca el terrorismo etarra” y en él decía la siguiente recomendación: “Los jóvenes deben conocer esa historia para que no se repita”.
Por aquellos días, acababa de surgir la polémica por un vídeo de UPN en el que aparecía la imagen de Arnaldo Otegui con una pistola en la mano mientras entraba en el despacho de Pedro Sánchez. Al margen de la polémica, diré que en los años de la Transición el actual dirigente máximo de Sortu, andaba con la pistola en la mano. Como miembro destacado de ETA político-militar participó en atentados, secuestros, extorsiones, en fin, en toda la gama de medios siniestros propios de una banda terrorista. Eso sí, se sentía con licencia para matar porque, luchaba por la libertad de Euskal Herria.
¿ERES SUSCRIPTOR? AQUÍ TIENES MÁS INFORMACIÓN SOBRE ESTE TEMA
Amplía la información sobre OPINIÓN en la edición e-paper de Diario de Navarra, disponible a diario para suscriptores de papel y PDF
En ese contexto, la anexión de Navarra era objetivo prioritario. Cuando ETApolítico-militar se disolvió en 1984, Otegui ingresó en ETA militar y se convertiría en líder de HB. Hay quien sostiene, que llegó a ser jefe supremo de la propia organización criminal hasta su disolución. Ahora goza del título de “demócrata” concedido por Pedro Sánchez y disfruta, según sus propias palabras, enseñando a los españoles el arte de gobernar.
Campo Vidal tiene razón. Los jóvenes navarros, en nuestro caso, deben conocer que el mundo aberzale aportó en Navarra un buen número de terroristas a las filas de ETA. Desde el 26 de noviembre de 1977, ya en plena democracia, fueron asesinados en nuestra tierra 42 personas. Hay que añadir 214 heridos y centenares de atentados sin víctimas.
Recomiendo a todos que vean el documental de la Asociación Navarra de Víctimas del Terrorismo titulado 'Relatos de plomo'. Así percibirán el enorme daño producido por ETA, pues la pérdida de un ser querido por un atentado de la banda criminal es una bala permanente contra el corazón de quienes día a día sufren su falta. Más aún si tienen que soportar que a los asesinos se les nombra hijos adoptivos de su municipio y a la salida de la cárcel, se les homenajea públicamente.
Este es el caso del asesinato de Jesús Ulayar, al que se refiere Manuel Sarobe, gran persona y muy buen alcalde de Echarri-Aranaz entre 1969 y 1975. El comando “Sakana” de ETA militar lo asesinó el 27 de enero de 1979, en vísperas de las primeras elecciones municipales. La Guardia Civil demostró su profesionalidad y los cuatro miembros del comando fueron detenidos al poco tiempo y sometidos a juicio en la Audiencia Nacional. Pero se desconoce quién dio la orden, asunto que está por resolver. La sentencia se dictó el 26 de junio de 1980.
Los hechos probados son sobrecogedores. Se describe la forma gélida y sin entrañas del asesino que “provisto de una pistola se aproximó al Sr. Ulayar sin ser notado y con el rostro oculto, para no ser reconocido y, por sorpresa, disparó cinco veces contra él, apuntando desde cerca a centros vitales, haciendo blanco en el pecho encima de la mamilla derecha, en ambos pulmones, en hígado y bazo en región hipogástrica y el antebrazo derecho, causándole heridas que le produjeron una gran hemorragia y la muerte inmediata… La agresión inopinda y repentina sin palabra o movimiento alguno que pudiera advertir a la víctima y permitirle algún recurso defensivo, es ejemplo típico de actuación alevosa”.
Su hijo menor de 13 años, horrorizado, estuvo junto a él mientras lo mataban. Todos los miembros del comando, vecinos del pueblo, fueron condenados: Vicente Nazabal Auzmendi, en concepto de autor del asesinato, 27 años de reclusión mayor; Juan Nazabal Auzmendi, en concepto de autor de asesinato, 22 años de reclusión mayor; Jesús María Reparaz Lizarraga, como cómplice a 12 años de reclusión menor; y Eugenio Juan Ulayar Huici, primo del asesinado, 6 años de presidio mayor. Declaró en el juicio que no se enteró hasta el día siguiente que el asesinado había sido su primo.
Asimismo, fueron condenados a pagar de forma solidaria una indemnización de siete millones y medio de pesetas. Salvo Juan Nazábal, declarado insolvente parcial, los demás se declararon insolventes. Los primeros en salir de la cárcel fueron Eugenio Ulayar y Reparaz. Los hermanos Nazabal cumplieron los dos tercios de la condena (18 y 16 años).
La viuda y los hijos pidieron mi colaboración para tratar de impedir que, como era habitual, los condenados no pagasen las indemnizaciones alegando insolvencia. Después de mucho batallar, la Audiencia Nacional decidió embargar y subastar los bienes de Eugenio Ulayar, primo carnal de Jesús, al haberse detectado que había heredado la casa paterna en Echarri-Aranaz. Las Gestoras pro Amnistía se movilizaron para recaudar el importe de la deuda el 16 de enero de 1995, para demostrar el apoyo del pueblo a quienes se convirtieron en presos políticos para liberarlo del Estado opresor.
Utilizaron sutiles métodos de coacción a los vecinos del pueblo para levantar la subasta pagando la deuda. Quede claro que ninguna indemnización, por importante que sea y, en este caso no la fue, es capaz de restañar las enormes heridas provocadas por los asesinos. En 1999 el autor del asesinato, que ya había sido nombrado hijo predilecto estando en la cárcel, lanzó el cohete de las fiestas patronales. Toda una prueba de la degradación moral de quienes han conseguido implantar en la Barranca un lugar donde la libertad brilla por su ausencia. No pude contenerme y escribí un artículo titulado “El chupinazo del crimen”.
Jaime Ignacio del Burgo. Jurista e historiador