Esto también es Salud

Publicado el 06/10/2024 a las 05:00
La salud es un conglomerado complejo, cada vez es menos salud mental y más salud, salud… ¡Es una única salud! Porque tenemos que ir cambiando el concepto social y cognitivo-personal, de que la salud mental es un estanco tan difícil y tan abstracto ¡que todos tenemos un trastorno mental! No, no es así, hay trastornos mentales, cada vez se afina más en el diagnóstico y más lentamente en la terapia y herramientas a seguir en cada uno de ellos, por multitud de razones. Que no es este pequeño recuadro donde podamos ahora insistir, pero, en la salud está claro que debemos adaptarnos a los nuevos riesgos que nos acechan, por una infinidad de causas externas e internas, con estrategias basadas en nuevos enfoques teórico-prácticos por lo que respecta a la calidad de vida. De ahí que aseveremos con ciencia cierta que “hay solo una salud”, ya que la salud humana, la animal y la ambiental-social están cada vez más interconectadas, formando las tres una misma y única salud.
La escuela superior de salud de Harvard ya lleva tiempo enseñando y programando que no hace distinción alguna entre salud física, salud mental, salud animal y salud ambiental, pues todo ese conjunto entra en un enfoque único como “la salud”, englobando en ella las tres vertientes principales: humano, animal y ambiental. El abordaje técnico y científico debe hacerse desde los tres niveles, porque los tres tienen riesgos implícitos uno con otros y por eso debemos avanzar personal e institucionalmente desde los tres enfoques- que son uno solo-. Porque una sola salud es en realidad salud; ya es hora que cambiemos el sentido y no hagamos tantas diferencias entre distintos aspectos de la salud, porque solo existe una sola salud. Les describo un sencillo ejemplo. Todos sabemos e intuimos la importancia que tiene en nuestras vidas de adultos la infancia, la educación recibida, el esfuerzo aprendido y la disciplina generada día a día, aceptando nuestras buenas y menos buenas emociones y sentimientos… Un profesor en la facultad nos decía, en el área de psicopatología: “Cuando tengan un adulto en su despacho intuyendo una patología, “corten el elástico de su vida y observen dónde se recoge…Y ahí estará la base de su problema”. Casi siempre, o muy frecuentemente, la infancia-adolescencia es el período evolutivo donde se madura el relato de una seguridad personal, de la autoestima en general y de las emociones tóxicas, dolorosas que no hemos sido capaces de expresar y de muchas necesidades no cubiertas en la infancia (A. Puig, 2015). Toda esta situación evolutiva que se centra en el mundo inconsciente del hipotálamo y cerebro límbico, nos crea una frustración continuada que nos hace desarrollar emociones negativas como la ira, la soledad, la tristeza generalizada, la envidia, el miedo, la impotencia o la desesperanza… Todas estas emociones que nos dañan, no son salud, si no las sabemos gestionar. En este caldo de cultivo, de forma inconsciente, desarrollamos nuestra propia visión de cómo nos veamos a nosotros mismos, a cuyo proceso se le denomina “autoconcepto”, haciéndonos de forma natural y sutil que nos valoremos según nos vemos. Y, como nos vemos tan mal, nuestra autoestima es baja, pobre y aún nos culpamos nosotros de aquel abandono, de aquel acoso, de aquella falta de afecto de nuestros mayores, profesores, familia…, en vez de responsabilizar a los progenitores o adultos; creyendo a pie juntillas que nos lo merecemos que nos traten así, porque somos niños malos, que no tenemos derecho a que se nos quiera, y a esto se denomina una distorsión cognitiva emocional… ¿Esto que leen “no es salud”? Claro que es también salud o, falta de salud.