El Rincón
"Del concierto de Estopa a la Champions de las hamburguesas pasando por El Sadar: ¿Quién quiere política?"
Una sociedad centrada en el presente y en vivir el hoy, junto a la bonanza económica, conforman un panorama muy cómodo para el Gobierno foral


Publicado el 29/09/2024 a las 05:00
La vida social de Navarra circula este fin de semana por tres carriles: la música, la gastronomía y el deporte. Del concierto de Estopa en el Arena a la Champions de las hamburguesas en la Rochapea pasando por el partido de ayer en El Sadar con el Barcelona. No eres nadie si no has acudido a alguna de estas citas.
Reflejo de una sociedad que, tras la pandemia y el parón vital que supuso, ha apostado por disfrutar del hoy, del ocio, y que aprovecha a fondo el que goza de un buen nivel de vida a pesar de todos los pesares. Porque este retrato convive con una semana donde ha habido una huelga en la educación pública, quejas contra el Ejecutivo por la falta de médicos en todos los rincones de Navarra y bochornosos errores en la gestión de ayudas en Vivienda.
Todos los guiones responden a la realidad de Navarra en este comienzo del otoño. Incluido un crecimiento económico y de empleo mucho mejor que el previsto hace sólo unos meses, con una mejora hasta de los tipos de interés.
Esa realidad que genera también una sensación de seguridad (aunque no sea real en absoluto ) y que hace que el ciudadano medio desactive sus alarmas sobre el futuro (ese que no controla) y busque exprimir el presente, que es el único que sentimos dominar. Vamos, que tenemos la cabeza mucho más en el plan de casa rural del fin de semana que en el debate sobre el gasto público.
Un Gobierno cómodo y sin deshielo. En este tobogán de emociones se abre paso otra certeza. La política tiene hoy un interés periférico en la vida cotidiana de muchos navarros. Es un tema del que muchos pasan entre una elección y otra.
La realidad es que todo ello conforma un panorama muy cómodo para el actual Gobierno de Navarra que preside María Chivite y que acaba de cumplir un año. Chivite ha asentado su tripartito (PSN, Geroa, Podemos) con Eh Bildu, a quien le ha regalado la baza de ser la clave que da estabilidad al Gobierno.
Y no le ha temblado el pulso para hacerlo a costa de romper todos los puentes con el centro-derecha y con UPN. Incluso tomando la iniciativa para expulsar al partido foralista de la alcaldía de Pamplona para entregársela a Bildu en bandeja después de hartarse de decir que no lo haría. Ahí estamos. Con una convivencia política tensionada al máximo.
De hecho, es excepcional una cita como la de esta semana. El encuentro que el vicepresidente Taberna y la líder de UPN, Cristina Ibarrola (junto a Javier Esparza) han tenido en el Palacio de Navarra a iniciativa del primero. Hablaron de Marca Navarra y los regionalistas de su mirada de la transferencias de Tráfico y la Guardia Civil. ¿Deshielo? No parece a la vista.
Sin margen y con tensiones. En la práctica, tenemos un Gobierno sin capacidad de resolver los grandes problemas desde la centralidad política que sigue siendo mayoritaria en la sociedad navarra. De salud a vivienda pasando por fiscalidad, atracción de inversiones e infraestructuras. Aunque el PSN pueda tener ideas y recetas para hacerlo.
Sus socios de Eh Bildu no le van a dejar ponerse manos a la obra. Y sus socios los han elegido ellos por puro interés. Esa es la gran contradicción en que se mueven los socialistas para sostenerse en el poder. Y así avanza la Legislatura.
Es cierto que las tensiones y brechas internas de esta holgada mayoría, del PSNa Eh Bildu, afloran ya de forma regular, y dan color y salseo a la política navarra. Lo mismo, por cierto, que pasa también en la derecha con UPN y PP. Pero no hay que olvidar que la argamasa que supone conservar el poder, el Palacio de Navarra, es mucho más fuerte que las rivalidades internas.
Presupuestos restrictivos. Ahora les toca negociar los Presupuestos de 2025. Chivite los tiene a tiro una vez más con Eh Bildu, que sigue ganando espacios y cobrará facturas. Las incógnitas del presente (las económicas y las estratégicas) recomiendan ser muy prudentes. Y más tras unos años de gasto público disparado.
El vicepresidente Félix Taberna ya ha advertido que entramos en una senda más restrictiva y el consejero Arasti, dicen en el Gobierno, es muy consciente. Pero habrá tensiones. Dentro y fuera. Hasta en poner coto al gasto de personal (la friolera de más de 1.800 millones), que ya ha crecido un 10% sólo este año. Todo el mundo (sindicatos, partidos, colectivos) se sigue apuntando a que suba sin límite. Qué fácil es repartir el dinero de todos y luego el que venga detrás, que arree.