"Una mujer con aspecto oriental, puede que vietnamita, me pidió que le ayudara a sacar un billete de autobús. Tal vez huía o era la primera vez que viajaba sola"

Actualizado el 15/09/2024 a las 23:17
Una mujer con aspecto oriental, puede que vietnamita, me pidió que le ayudara a sacar un billete de autobús. Era una mujer mayor, menuda y estaba nerviosa, como si todo aquello le superase. Tal vez huía o era la primera vez que viajaba sola.
Estábamos en la terminal de autobuses de la T4, en Barajas, 11 de la noche, y allí, como ocurre en esos lugares irreales, sin alma, no había nadie a quién dirigirse, ni taquilla, ni vigilante, ni siquiera los paneles de información funcionaban ya, como si después de horas de parpadeo ya fuera suficiente.
Ese es el mundo que hemos creado: un mundo donde todo conspira para no poder cruzar una palabra con alguien real, donde no hay nadie a cargo, donde todo es protocolo y automatismo. Un no mundo.
Dentro de poco nos recibirá una voz metálica en todas partes. Ella decidirá qué hacer con nosotros y nuestros días estarán a expensas de algún algoritmo. Decidirá, por ejemplo, si nuestro caso es operable -por un robot- o si debemos pensar en el otro mundo. Puede que hasta los jueces, que dan tanta guerra al que manda, sean sustituidos.
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Le pregunté a la mujer donde iba y me dijo que a La Bañeza, lo que dicho por ella parecía un lugar exótico. Tecleé con precaución en la máquina expendedora y al poco salió la Baneza, sin ñ, que también parece ya algo exótico. Le pregunté la hora del bus y me dijo que a las 12 de la noche, las 0,0, lo que me planteó un problema, pues dudé si para las 12 debía comprar un billete para ese día, o para el siguiente, pero la máquina no admite ese tipo de preguntas.
En realidad las máquinas no admiten nada. Es imposible razonar con ellas, como con ciertos humanos, que también parecen programados. Opté por el día que estábamos y pulsé la pantalla. Enseguida salió el importe y un anuncio en letras grandes advirtiendo: no fiarse si alguien quiere ayudarle a sacar un billete, puede ser un engaño. Me sentí como un sospechoso. Nos miramos ambos pero como ya era demasiado tarde la mujer pagó, recogió el billete, juntó las manos como despedida y partió para La Bañeza, con ñ, dejándome solo.