"El cráneo de este preneandertal fue descubierto en 1992 en Atapuerca y bautizado como Miguelón como reconocimiento a Miguel Induráin"

Publicado el 20/08/2024 a las 05:00
Hace medio millón de años un grupo de homínidos cuidó de Miguelón. Su tribu cazaba y recolectaba en las cercanías burgalesas de Atapuerca y Miguelón, un tipo de entre 30 y 40 años, sufrió un golpe, un ataque.., que le fracturó un diente. Fue el principio de su decadencia porque una enorme infección se le extendió por el maxilar, le afectó a un ojo y a un oído y creció hasta dejarlo medio ciego y medio sordo. El cráneo de este preneandertal fue descubierto en 1992 en Atapuerca y bautizado como Miguelón como reconocimiento a Miguel Induráin, que pedaleaba entonces por ganar su segundo Tour. Los investigadores están persuadidos de que Miguelón, pese a su gravísima precariedad, sobrevivió varios meses gracias a que sus compañeros de cueva cazaron y recogieron alimentos para él e incluso los masticaron antes de proporcionárselos. Uno imagina el paleolítico como una época de gruñidos y de fieras, sin lugar para los frágiles y resulta que había espacio para la compasión. Fantaseo con el momento en el que un compañero homínido observa el rostro dolorido de Miguelón, acerca sus manos peludas y le limpia las heridas con agua para aliviar las molestias. Elucubro con un instante en que otro pudo trocear una fruta y un pedacito de carne, lo masticó, lo regurgitó y se lo ofreció a la boca, o con esa noche de frío paleolítico y burgalés en que pudieron acercarlo a la hoguera para que durmiera abrigado. Eran homínidos que se cuidaban unos a otros y sin saberlo estaban alumbrando la humana compasión. Lo imagino y recuerdo la manera clemente de ganar de Induráin con un generoso respeto que dejaba hueco a los demás. Una compasión evolucionada, aunque hoy, en el ciclismo, parezca de otro tiempo. Miguelón, el preneandertal y el ídolo villavés, unidos cientos de siglos después por gestos de humanidad. La compasión percibida por un homínido como una conciencia del sufrimiento del otro y del deseo de ayudar a aliviar desde los albores de los tiempos. ¡Maravilla que ya en Atapuerca humanos con marcados rasgos simiescos se lo plantearan! ¿Sabría esta gente que cada vez que ayudaban a otro homínido estaban colaborando a ascender en la escala de la humanidad?