"Los independentistas catalanes se creen únicos en su especie, pero han demostrado que son la representación más palpable de la vieja españolidad de caspa y chapuza"

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Juan Gracia Armendáriz

Actualizado el 17/08/2024 a las 22:14

En ‘El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte’ Karl Marx acuñó una de las frases más repetidas por columnistas, historiadores y tertulianos culturetas: “La historia se repite como tragedia y después como farsa”. Como toda buena frase, vale tanto para un roto como para un descosido. Usémosla para nuestros propósitos. 

La historia del “proceso” independentista y nada kafkiano empezó como tragedia en las calles de Barcelona y continuó como 'thriller' con la deshonrosa huida de Puigdemont en el maletero de un coche tras la declaración 'interruptus' de independencia. Pero ha terminado como farsa y autoparodia, al grito de “¡Houdini, Houdini!”, tras la transfiguración del líder en el centro de Barcelona. 

Los independentistas catalanes se creen únicos en su especie, pero han demostrado que son la representación más palpable de la vieja españolidad de caspa y chapuza. La lectura del informe de “vigilancia” y “persecución” de los mossos de escuadra la firmaría el guionista de ‘Dos tontos en apuros’: un semáforo que impide la persecución a pie, policías incapaces de memorizar matrículas, una radio que no funciona… ¿Qué puede salir bien? 

Justo lo que presumiblemente estaba pactado a costa de la humillación general del cuerpo policial autonómico, de la ley y la ciudadanía. Sin rastro de ironía -que sepamos- al inoperativo policial se le llamó operación Jaula, pero en la jaula no estaba Puigdemont, estábamos todos nosotros. 

Los irredentos votantes del PSOE parecen dispuestos a admitir cualquier ocurrencia sin que un ápice de sus convicciones partidistas se tambalee lo más mínimo al otro lado del muro en que han encerrado su capacidad de autocrítica. Su partido ya no es una máquina política, es una religión laica, una creencia blindada frente toda evidencia exterior. Sánchez es una tragedia para nuestro país, pero uno confía en que no termine en farsa, sino en frase de Groucho Marx: “Nunca olvido una cara, pero en su caso haré una excepción”.

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