La ventana

"Hay por aquí una querencia a las fiestas, mezcla de encuentro, gastronomía y juerga que se estimula y estalla cuando llega agosto"

José Murugarren
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Jose Murugarren

Actualizado el 12/08/2024 a las 23:35

Mañana es la víspera de todo. El comienzo de una explosión que media Navarra celebra con entusiasmo. Hay por aquí una querencia a las fiestas, mezcla de encuentro, gastronomía y juerga que se estimula y estalla cuando llega agosto. El 15 tiene la seducción de un ‘ochomil’ para un montañero ambicioso. Más de una vez he escuchado reflexionar si no sería razonable repartir a lo largo de otros meses esta desmesura que no aguanta el más mínimo análisis. Como si la sensatez tuviera que ver en la decisión colectiva de meter encierros, alubiadas, vaquillas, calderetes y procesiones bajo un programa en decenas de pueblos a la vez. ¿Por qué tantos lugares concentran su jolgorio en estas fechas? La cuestión tiene trampa porque no tiene respuesta. Habrá quien lo explique atendiendo al origen religioso de la fiesta obligada por la fecha que marca el calendario. Hay también un eco antiguo de cuando nuestro mundo estaba ligado estrechamente al pueblo en el que nacimos y del que en pocas ocasiones salíamos. El de Tafalla era de Tafalla y de Aoiz el de Aoiz. La gente focalizaba el disfrute en las fiestas, las esperaba el año entero. Y disfrutaba de una de ellas. La huida a las ciudades convirtió muchos sitios en segunda residencia o en el origen de donde provenía el abuelo, la madre…, y al que por unos días regresamos ahora con el carné de ser de allí si quiera por línea genealógica descendente. Ocurre que el padre vino de un lugar y la madre de otro, en muchos casos. Y los hijos en cuestiones de ocio y sin problemas de movilidad apuestan por sacar chispas a ambas identidades. A los festejos del pueblo del padre, a los de la madre y porqué no a los del pueblo de la novia, el novio o los amigos. ¿Y tú de quién eres? Esa es la pregunta que uno debe responder con éxito si le pillan con la cuchara en el calderete popular o sujetando el bombo en una charanga. Admiro el entusiasmo de los más fiesteros. En un día aprovechado son capaces de correr el encierro en Tafalla, almorzar en Falces, asistir por la tarde al ingurutxo en Leitza y cerrar en el pobre de mí de Funes. Unos se apuntan a todo y otros, solo a la calma. Y tan lícito es escapar como sumergirse en la fiesta. 

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