UE y China: competición geoeconómica y tecnologías verdes

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HELENA CATALÁN

Publicado el 31/07/2024 a las 05:00

Guerras comerciales, competición geoeconómica e interdependencia de cadenas de valor es uno de los mayores retos que enfrenta la Unión Europea (UE). Al hablar del puzzle de la economía europea, China representa una pieza crucial. La perspectiva estratégica UE-China de 2019 define China como “socio, competidor y rival sistémico’’. Sin embargo, la Comisión Europea muestra signos de añadir un nuevo elemento a esta lista de sustantivos, la del “enemigo político’’. 

Tras la investigación sobre las importaciones de vehículos eléctricos, la Comisión ha decidido aplicar medidas provisionales que incluyen aranceles de hasta el 37,6%. La investigación europea reveló que los subsidios otorgados por el gobierno chino a empresas como BYD, Geely y SAIC les permitían producir a costes muy reducidos, distorsionando el mercado y perjudicando a los fabricantes europeos por competencia desleal. Sin embargo, esta medida suscita dos cuestiones cuyo alcance es mayor que las presentes tensiones comerciales entre la UE y China.

En primer lugar, ¿hasta qué punto la industria europea de vehículos eléctricos (VE) puede alcanzar una genuina autonomía estratégica? Según Joan Pere Plaza, profesor asociado de la School of International Business de la Universitat Pompeu Fabra, la UE está lejos de ser autónoma en la industria de automóviles “verdes’’.

 La principal razón es que China tiene el dominio indiscutible de minerales críticos que son esenciales para la fabricación de baterías de este tipo de coches, como apunta el Observatorio de la Deuda en la Globalización. Otro problema es el declive demográfico de la UE, con una población altamente envejecida. 

Esta escasez de mano de obra se traduce en costes de producción elevados, lo que resulta en una falta de competitividad. Finalmente, Judith Arnal, investigadora en el Real Instituto Elcano, diagnostica un tercer problema: la fragmentación fiscal de la UE y la reducida inversión pública que le impiden competir frente al gigante asiático. Todo ello sugiere que la autonomía estratégica no es más que una utopía declarativa, una frase bonita en un papel que está lejos de ser una realidad tangible.

La segunda cuestión gira en torno a quiénes son los perdedores y ganadores. Los aranceles han sido adoptados para proteger a los productores. Sin embargo, ¿qué sucede con las personas consumidoras? ¿Es justo privarlas de vehículos que son más baratos aunque no sean 'made in Europe'? ¿No eran las élites neoliberales que defendían la globalización en aras de los beneficios económicos que obtendrían las consumidoras al tener acceso a los mismos productos a precios más reducidos? Otro perdedor fácilmente ignorado es nuestro planeta. 

Los aranceles pretenden proteger a la industria manufacturera, sin cuestionar que el mayor riesgo de la producción de VE recae en el medio ambiente. Como reconoce Fernando Hervás, jefe adjunto de la Joint Research Centre de la Comisión Europea, no podemos ignorar el impacto ambiental de la minería que es inseparable de las tecnologías verdes.

No existe consenso en cuál debería ser el plan de acción adecuado de la UE. Es evidente que un primer paso es revisar su política de competitividad. Como afirma el profesor Joan Pere Plaza, “la UE no puede continuar actuando con el lirio en la mano”, con su compromiso inquebrantable con las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la multilateralidad pacífica. 

La competición geoeconómica ha transformado el telón de fondo en el que la UE debe actuar, y si quiere seguir siendo un actor geopolítico relevante debe responder con medidas que sean propias de este. La adopción de aranceles está lejos de serlo. En primer lugar, no se ajusta a la ambición de ser un actor geopolítico. 

La medida carece de originalidad, siendo una copia de Estados Unidos y la decisión de Joe Biden de elevar los aranceles a las importaciones de coches eléctricos sólo refuerza la idea de que la UE es el vasallo de Estados Unidos. Además, es una respuesta “blanda”, alejada de la asertividad de la competición actual, en el sentido que puede ser fácilmente ignorada. 

¿Cómo reaccionará la UE cuando China empiece a deslocalizar sus empresas productoras a actuales o futuros países miembros de la Unión? Hungría y Serbia, por sus estrechas relaciones con el régimen chino y los reducidos costes de producción, serían dos candidatos posibles. No todos los países de la UE ven con los mismos ojos a China, aspecto que el gigante asiático puede explotar en el proceso de deslocalización al Continente Viejo.

No hay un plan de acción ideal, sin embargo, la nueva política de competitividad europea debe estar inspirada por los siguientes objetivos básicos. En primer lugar, la ambición de ser un actor geopolítico. La UE debe adoptar un plan de acción propio, que demuestre que no es Estados Unidos. 

En segundo lugar, aceptar el nuevo escenario internacional, caracterizado por una nueva agresividad geoeconómica donde el respeto a las normas, la multilateralidad y la implementación de tratados comerciales pasan a un segundo plano. La UE debe mimetizarse con esta nueva realidad geoeconómica, mostrando una asertividad creciente en su respuesta. Finalmente, no debe guiarse únicamente por garantizar la seguridad económica y la protección de los productores, sino que los consumidores y el medio ambiente merecen recibir una consideración equivalente.

Helena Catalán. Socia de Equipo Europa y graduada del MsC Global Governance and Diplomacy en la Universidad de Oxford

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