"Ahora cualquiera puede editar sus versos en Internet, ese vacío digital. Tras la pantalla del ordenador no está Mayte, no está Jesús. No hay nadie"

Publicado el 28/07/2024 a las 05:00
Hiperión era el sueño editorial de los jóvenes poetas laureados de la España vacía. Y también de la llena. Para un autor navarro, la otra opción era Pamiela, pero sobre esta editorial y de sus misterios mejor hablamos otro día.
Sin embargo, en Hiperión se podían adquirir las primeras traducciones de las obras completas de Friedrich Hölderlin y de otros poetas románticos centroeuropeos; también poesía japonesa, persa o sufí, así como las primeras obras de autores que entonces despuntaban, como Julio Llamazares, Luis García Montero o Juan Carlos Mestre. Todos esos libros llenaron las primerizas bibliotecas de los jóvenes letraheridos.
Yo los conservo todos porque la editorial Hiperón era, es, sinónimo de calidad y mimo en la edición. Albergaba la esperanza de que por ser navarro Jesús Munárriz, se fijara en mis poemas herméticos de vate despistado.
Y el caso es que habiéndole enviado un librito anoréxico me llamó por teléfono, me animó a completarlo y hacérselo llegar. Por falta de fe, esperanza y caridad no lo hice. No lo duden ni un instante: ahí se truncó una de las carreras más brillantes de la poesía del siglo XX. De buena se han librado.
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Mayte Merodio, cofundadora de la editorial y de la hermosa librería de la calle Salustiano Olázaga murió esta semana a causa de una vieja enfermedad que conozco bien. Mujer afectuosa y enérgica, parecía completar con Jesús Munárriz un tándem profesional armonioso.
Acometieron la empresa de la editorial y librería desde mediados de los años setenta. No se entiende la poesía española desde los Novísimos sin la aportación generosa e incansable de ambos.
Se diría que la calidad humana de Jesús y Mayte quedaba impresa en cada título de su enorme y cuidado fondo editorial. La muerte de Mayte Merodio es una noticia triste. Ahora cualquiera puede editar sus versos en internet, ese vacío digital. Tras la pantalla del ordenador no está Mayte, no está Jesús. No hay nadie.