"Ni de coña", responde su marido. "¡Que nos pongan donde quieran, pero que no nos cobren ni un euro más! No me creo que vayan a colocarnos en filas separadas"

Actualizado el 23/07/2024 a las 00:01
Cuando la mujer selecciona en el ordenador la página de la aerolínea para reservar dos asientos descubre que la operación no va a ser fácil. La web ofrece muchas cosas. No basta haber comprado y pagado dos pasajes, sino que 24 horas antes de volar al tratar de elegir butaca la línea aérea le propone viajar delante, facturar maletas adicionales, prioridad de embarque y un ramillete de opciones. Todas con una tasa suplementaria a la que abonó. Con semejante panoplia la mujer se tensa. Antes de precipitarse lee detalladamente las condiciones para saber si la compañía le cobra por seleccionar asiento.
-¿Marisa, has hecho el check-in?, pregunta el marido desde la cocina.
-Estoy en ello, responde inquieta investigando en la página de internet.
Ella descubre que Ryanair le exige recargo por seleccionar asiento sea delante, en el centro o en cualquier otro punto del avión. No hay forma de garantizarse dos asientos contiguos sin pagar más.
-“Ponen recargo a cualquier opción”, explica enfadada. “Ni de coña”, responde su marido. ¡Que nos pongan donde quieran, pero que no nos cobren ni un euro más! No me creo que vayan a colocarnos en filas separadas”.
La mujer presiona la tecla que asigna los asientos al azar confiándose al algoritmo. Tiene un pensamiento fugaz. El algoritmo está diseñado pensando en la comodidad de los pasajeros. Se ingenió para instalar a los clientes, juntos en el avión, puro sentido común. La máquina hace su trabajo y la realidad revela que el algoritmo no persigue la felicidad de nadie. El bombo informático en el que imaginan que los han metido los saca de la ingenuidad. A él le asigna la fila 8. A ella, la 32.
-“No me lo puedo creer”, dice el hombre enfadado. “Hemos comprado un pasaje juntos y nos colocan a 24 filas de distancia. Es como si en un restaurante el maître nos da sitio pero nos dice que debemos comer separados salvo que paguemos una tasa. ¿Pueden crear un algoritmo con mala intención? Al día siguiente al subir al avión la sorpresa aun es mayor. Confirma que él tiene asiento en la fila 8 y ella en la 32. Pero se produce un nuevo descubrimiento. En ambos casos la butaca del centro está vacía.