"¿Imaginas a tus hijos entre 12 y 17 años metidos en una barca construida con cuatro maderas navegando camino de no sabes dónde? Piénsalo"

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Jose Murugarren

Actualizado el 16/07/2024 a las 00:07

Los ves llegar agotados en una barcaza a la hora del telediario. Niños y adolescentes huyendo de la miseria. Pienso en el drama de la separación de sus padres. En el momento en el que cualquiera de estos críos se despegó del cuello de papá y mamá y ocupó su lugar en la patera. Si no miras mucho las caras de todos parecen iguales. Pueden ser veinte, treinta... Juraría que están rotos por dentro.

 A ti te han pillado por sorpresa, al final del telediario mientras terminas el plato de lentejas, un minuto después de que gobierno y oposición se partan la cara por no me quites a mí esa mota de polvo y con tu mente ocupada en elegir como postre melón o yogur. Contemplas a estos niños que huyen de la penuria y decides que tomarás los dos. ¿Imaginas a tus hijos entre 12 y 17 años metidos en una barca construida con cuatro maderas navegando camino de no sabes dónde? Piénsalo. 

¿Hay que recordar que nacer en uno u otro sitio es un puro azar, una lotería del destino? En nuestra sofisticada sociedad para los nuestros habilitamos recursos contra el bullying, programas de nutrición equilibrada y planes de salud mental de los adolescentes. Entretanto, a estos chavales desesperados que cruzan el Atlántico hay quien les racanea hasta la manta con la que envolverles del frío tras días a la intemperie. Seres humanos que se hacinan en cualquier almacén de Canarias esperando un destino en el que se les atienda. El Gobierno central y las comunidades los cuentan como si fueran números. Veinte para aquí, quince para allá…, como si no se tratara de personas pensantes y cuerpos vulnerables sino de una masa homogénea. Son seres humanos. 

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Imagina cuando los miras que son, no sé, los padres de Lamine Yamal o Nico Williams, una barca repleta de criaturas brillantes camino de un país envejecido con la más baja natalidad de Europa. Imagina una cigüeña con una bolsa de niños y adolescentes que piensan, sienten y arrastran historias de dolor que precisan sanidad, educación, psicólogos pero que si logran esos cuidados, si alguien les da una oportunidad podrán ser el recambio para un país de gente mayor sin relevo. ¿Por qué no hacerlo? 

Somos un país de íberos y vascones, de celtas, fenicios, romanos, visigodos, árabes… Somos una menestra resultado de esa mixtura. ¿Por qué no pensar que ellos son una oportunidad?

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