Sánchez me paga la "cultura". Y el verano

Publicado el 07/07/2024 a las 05:00
Probablemente ya lo sabrá, porque el Gobierno lo publicita cada año: un chico o chica de 18 años recibe, por el solo mérito de cumplir esos 18 años, el famoso “bono cultural”. En realidad, lo que recibe son 400 euros que el Gobierno de la nación ha incautado a sus padres trabajadores y que, como “el estado siempre sabe más”, decide por ellos cuánto les va a dar a sus hijos (los de usted) y en qué se lo tienen que gastar.
Lo que es mejor, el Gobierno vende como “éxito” el que los jóvenes lo gasten. Como lo leen. O sea, que les damos por la cara 400 euros y el éxito está en que se lo gastan. Heroico. Porque tiene mucho mérito conseguir que un chaval se gaste nuestro dinero en 4 meses de Netflix o de Spotify o en comprar el último videojuego, porque para eso sirve entre, otras cosas, el citado bono.
Además, los jóvenes, a los que intentamos con mucho esfuerzo hacer vagos, no son tontos. Ganan dinero con el bono comprando cosas que no necesitan y vendiéndolas inmediatamente. Visiten las aplicaciones de venta de segunda mano. Verán videojuegos o entradas de conciertos a la venta comprados con el dinero que pagan ustedes de impuestos. Es una motivación extra para pagar impuestos, lo sé.
No contentos con esto, también se nos ha ocurrido que, con dinero de todos, podemos pagarles sus viajes de verano. El “verano Joven”. Con el dinero que el estado saca a sus padres, el estado les paga el viaje “cultural” a la playa. Todo esto, además de una tomadura de pelo a los contribuyentes, manda un mensaje letal a los jóvenes, como ustedes habrán podido entender perfectamente.
El chico o la chica que trabaja de canguro, de camarero o dando clases para pagarse sus lujos o sus viajes debe de ser el tonto del grupo. Me imagino que será el blanco de todas las bromas. “Pero para qué trabajas, para qué te esfuerzas, si Sánchez te lo da todo por la cara”. Su siguiente deducción, claro, es el “que emprenda otro” porque ven a pequeños empresarios (a veces sus padres) trabajar como mulas. Resultado: “mamá: quiero ser funcionario”.
Este mensaje, totalmente intencionado, es un ingrediente más de ingeniería social en esta construcción, lenta pero inexorable, de una sociedad igualada por abajo y totalmente dependiente del estado. El gobierno me proporciona, además de sanidad y educación, el ocio, los viajes, la cultura, el deporte y si puedo, el trabajo. Les suena, ¿verdad?
Álvaro Bañón Irujo. Economista y Socio de Haltia Capital