Isabel Díaz Ayuso, una del cal y otra de arena

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Jaime Ignacio Del Burgo

Actualizado el 05/07/2024 a las 07:26

Unas palabras de Isabel Díaz Ayuso en un mitin celebrado en Madrid el pasado 22 de junio de 2024 han servido para que algunos se rasguen las vestiduras. A la joya de la Corona madrileña del PP le han caído chuzos de punta. Al parecer, (véase Diario de Navarra de 25 de junio), nunca se había visto tal desconocimiento de la historia de Navarra (hay que ser ignorantes) y se volvía a demostrar que hay líderes el PP que tienen por costumbre agredir a Navarra. Reconozco que cuando leí las reacciones provocadas pensé que las diosas del Olimpo, capaces –por algo será- de sumar mayorías absolutas, también se equivocan. Y por eso me las arreglé para escuchar en directo (gracias a RTVE) las palabras exactas de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Sánchez le había acusado de deslealtad y eso provocó una cascada de reproches al ejecutivo. Acabó preguntando al inquilino de la Moncloa si era lealtad “cada vez más independencia para repúblicas falsas que nunca han existido, porque Cataluña, País Vasco y Navarra no han sido nación, nunca ni lo serán, y menos libertad y menos autonomía para Comunidades solidarias como Madrid”.

Que ni Cataluña ni País Vasco ni Navarra han sido nación es difícilmente discutible. El concepto de nación en España nace, como en resto de Europa, en el siglo XIX. Se consagra jurídicamente en 1812 con ocasión de la promulgación de la Constitución liberal de Cádiz, durante la Guerra de la Independencia frente a Napoleón. Recordemos que Navarra se incorporó a la Corona de Castilla, por vía de unión de igual a igual, reteniendo cada uno (Castilla y Navarra) su naturaleza antigua, así en leyes como en territorio y gobierno. La Constitución de 1812 fue responsable de que Navarra perdiera su condición de Reino (1.000 años de existencia) pero, en virtud de un pacto entre el Gobierno de la Nación y la Diputación de Navarra, incorporado al ordenamiento jurídico español en virtud de la Ley Paccionada de 1841, surge de forma bilateral el actual régimen foral, con una autonomía limitada ciertamente que en 1982 alcanza su plenitud mediante el Amejoramiento del Fuero. Todo ello en el marco de la vigente Constitución española que ampara y respeta los derechos históricos de Navarra, expresión sinónima con la de régimen foral. Ni durante el régimen liberal (1812 a 1931), ni durante la II República (1931-1939), ni durante el proceso constituyente de 1978, Navarra no ha reivindicado su condición de nación. Porque nunca lo fue.

A partir de ahí, Isabel Díaz Ayuso se equivocó al no excluir a Navarra. Las repúblicas falsas nos son radicalmente ajenas. La mayoría de la ciudadanía navarra no ha puesto en cuestión el artículo 2 del texto constitucional de 1978 que proclama que “el fundamento de la Constitución se fundamenta en la unidad indisoluble de la nación española, patria común e indivisible de la nación española, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad de todas ellas”. Nuestro Convenio Económico (autonomía fiscal) es modelo de solidaridad.

Los separatistas catalanes consideran que el antiguo Condado de Cataluña es una nación oprimida por España desde la guerra de sucesión de 1700 a 1714, en la que los barceloneses lucharon “por el rey (el archiduque de Austria que disputó el trono con Felipe V), su honor, la patria y la libertad de toda España”. Perdieron la guerra y sus instituciones de autogobierno. En el siglo XIX la mayoría de los catalanes lucharon por la legitimidad de los reyes carlistas frente a Isabel II y Alfonso XII. ERC intentó la independencia en la época republicana, en 1931 y 1934. A pesar de que los catalanes refrendaron por amplísima mayoría la Constitución de 1978 ahora sus partidos separatistas reniegan de España. El 27 de octubre de 2017, el Parlamento de Cataluña declaró por mayoría la independencia y el presidente de la Generalidad Puigdemont proclamó la República catalana, poco antes de su “heroica” huida a Waterloo. Ahora han perdido su mayoría parlamentaria, pero han obtenido la amnistía como paso previo para el derecho de autodeterminación. En el País Vasco nunca en la historia, institucionalmente-, se ha reivindicado su condición de nación. El 6 de octubre de 1936, las Cortes republicanas (PSOE-PNV) aprobaron un Estatuto por el que Alava, Guipúzcoa y Vizcaya se convertían en región autónoma en el seno de la República española. En la transición a la democracia, el PNV y el PSOE abogaron en 1979 por un Estatuto de autonomía constitucional, en el que se afirma que “el pueblo vasco o Euskal. Herria, como expresión de su nacionalidad y para acceder a su autogobierno, se constituye en Comunidad Autónoma dentro del Estado Español bajo la denominación de Euskadi o País Vasco”. No impidió que ETA asesinara durante medio siglo por la independencia. El enfado de Ayuso es contra Sánchez, que ha pactado estar dispuesto a una reforma constitucional para que Cataluña, País Vasco y Galicia se conviertan en nación. Para Bildu esa nación es Euskal Herria con Navarra dentro. Para apaciguar a las fieras, Sánchez ha decidido dejar de ser el domador para ser una de ellas. Mientras llega la hora de la verdad, Sánchez regala a ambas Comunidades dinero a manos llenas o les cede competencias estatales, como la que se avecina en Cataluña con la Agencia Tributaria. Los hilos del Estado en Cataluña y el País Vasco son cada vez más débiles. Y eso es lo que irrita, y con razón, a Isabel Díaz Ayuso, cuya Comunidad está asediada desde La Moncloa. Navarra hasta el momento no está en esa guerra, salvo para defender la Constitución y su estatus foral.

Jaime Ignacio del Burgo. Doctor en Derecho

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