Cartas de los lectores

Copiar en los exámenes: cuando el fin justifica los medios

Una hoja de respuestas de un examen tipo test
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Fernando Lera López

Publicado el 29/06/2024 a las 05:00

Ya se ha cerrado el curso académico 2023-24 en los distintos niveles educativos, y han llegado finalmente las vacaciones escolares. También han terminado los exámenes de la EvAU y para 4.000 alumnos navarros empieza una nueva aventura educativa en los próximos meses en alguna universidad. Es este un buen momento para realizar reflexiones, particulares e institucionales, sobre los resultados académicos obtenidos. Ya se han publicado en Diario de Navarra las tasas de éxito ante la EvAU de cada uno de los centros que se han presentado. Las escuelas y facultades universitarias harán estadísticas del número de aprobados, etc. Sin embargo, seguramente nadie abordará ni tendrá en cuenta el tema de copiar en los exámenes. Se copia en la ESO, se copia en el bachillerato, se copia en la EvAU y se copia en la universidad. Sí, se copia, porque lo dicen los mismos alumnos que lo hacen, como si fuera una señal de orgullo, y lo afirman los compañeros que los ven. Y, lamentablemente, mi impresión subjetiva es que cada vez se copia más.

Por ello, en estas líneas de reflexión personal quisiera abordar alguna de las múltiples causas de esta situación. En primer lugar, en la sociedad actual hay una falta de valores éticos y sociales, y para ello basta con leer la prensa y mirar a nuestro alrededor: se ve en la política, la empresa, el deporte, y hasta en el modo de conducir las personas. Y todo ello además en un contexto donde los derechos aparecen como más importantes que las obligaciones, como si los derechos que uno tiene no conllevarán una serie de obligaciones con uno mismo y los demás. En segundo lugar, se da más importancia al resultado final (las notas) que al proceso de aprendizaje. Y esto así por mucho que hablemos de cambios educativos, de Bolonia, etc, para escándalo de los progres de lo políticamente correcto y la didáctica sublime. Estos dos aspectos hacen, por ejemplo, que para algunas familias lo importante es que sus hijos obtengan unas determinadas notas, sin importar los medios que se utilicen. A ello hay que añadir un desinterés por parte de los agentes educativos (colegios, universidades, etc) por evitar que se copie, que se traslada al profesorado. En un momento en el que la autoridad y prestigio del docente se ha reducido profundamente en nuestra sociedad, la palabra de un estudiante vale lo mismo que la del docente, y por ello, acusar a un alumno de copiar se puede convertir en un arma arrojadiza contra el propio docente. El entorno tecnológico complica aún más la situación al ofrecer nuevas oportunidades para hacer trampas.

Ante esta situación, ¿qué se puede hacer? Ante causas múltiples, no hay solución única. En primer lugar, hay que visibilizar este problema, sino nunca se le buscará solución.

En segundo lugar, hay que poner los medios para dificultar todo lo posible que se copie en los exámenes. Esto no implica solo el uso de determinadas tecnologías, sino también formación y mayor número de docentes en las aulas. Algunas universidades americanas han optado por desarrollar un departamento de proctors, especializado en la lucha contra las trampas en los exámenes.

En tercer lugar, la sanción en estos casos debe de ser ejemplar. No hace falta llegar a los siete años de cárcel que se impone en China por hacer trampas en el Gaokao (la selectividad china), pero claramente hay un gran margen de maniobra. Finalmente, y lo más difícil, debería existir una presión social para evitar estas prácticas, dejando a un lado los falsos corporativismo. Solo así impediremos que la lacra del título de este artículo se extienda aún más en nuestra sociedad moderna.

Fernando Lera López, catedrático de Universidad

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