El rincón
Mamá, quiero ser funcionario
La brecha de salarios entre el sector privado y los funcionarios se mantiene a favor de estos últimos


Publicado el 23/06/2024 a las 05:00
El verano ya está aquí. La primera ve despidió lluviosa esta semana, impaciente y camino ya del carrusel festivo en el que entramos hasta septiembre. Y en el paso de una estación a otra, un clásico. Las oposiciones públicas. Convocatorias siempre multitudinarias, como la de este fin de semana para maestros, con más de 4.250 aspirantes para 160 plazas. Una cita que revela que ser funcionario es una salida muy apetecible para buena parte de las nuevas generaciones. Muy entendible.
Aversión al riesgo. Otra cosa es constatar como este entusiasmo por ser empleado público se impone por goleada también en muchos otros campos de actividad. Y ahí ya se empieza a vislumbrar alguna carencia grave en nuestro sistema social y en la escala de valores que lo sustenta.
Como repiten los que saben de verdad, Navarra es una comunidad con aversión al riesgo. Tenemos pocos candidatos a emprendedores y muchos a funcionarios. Claro que hay fantásticas excepciones. Pero hay pocas vocaciones empresariales, porque se ve como un camino difícil, con escasa recompensa y que, además, si te descuidas, genera incomprensión social, tanto cuando acaba en éxito como en fracaso. Y eso debiera ser muy preocupante en una sociedad como la nuestra, donde la riqueza del empleo la generan las empresas privadas. Tenemos ahí un grave problema.
Engranaje necesario. Y por supuesto que hacen falta los funcionarios. La Administración es un engranaje fundamental de nuestra sociedad. Actúa como pieza redistributiva esencial para asegurar los servicios básicos, de Salud a Educación pasando por otros muchos. Pero eso no quiere decir que tenga que crecer hasta el infinito y, mucho menos, que sea la única capaz de ofrecer servicios para todos.
La colaboración público-privada sigue siendo una gran asignatura pendiente, la de aprovechar los recursos de que disponemos para ponerlos a disposición de quienes lo necesiten. En el caso de la Sanidad es evidente, donde Navarra cuenta con potentes centros privados capaces de aliviar el enorme atasco de la Sanidad Pública. Los prejuicios ideológicos (en este caso los de la izquierda) son los únicos que impiden profundizar más en este camino.
Brecha salarial con los funcionarios. Volvamos a los incentivos que genera el sistema retributivo que impera en Navarra. El salario medio del conjunto de los trabajadores navarros es de 29.189 euros brutos anuales según los datos oficiales de 2022 (Nastat). En ese mismo período la retribución media de los casi 30.000 funcionarios navarros ascendió a 41.598 euros con los datos del Gobierno.
Es decir, existe una diferencia de 12.400 euros en favor de la retribución media del sector público. ¿Alguien se puede extrañar de que exista una gran presión social para ser funcionario el día de mañana?
¿Nos podemos permitir esta factura?. Porque tiene todo el sentido del mundo contar con funcionarios bien pagados, en función, además, de la responsabilidad que asumen. Y con puestos estables, no encadenando interinos como hasta ahora. Por supuesto. Eso no se discute.
Pero hay otra pregunta pendiente. ¿Nos podemos permitir esta factura que no para de crecer? Son 1.863 millones de gasto de personal en 2024. Está claro que hay muchas respuestas. La más cabal sería algo así como “no, pero no hay nadie que quiera ponerle el cascabel al gato”. La fuerza de presión que tienen los sindicatos en la administración y la falta de incentivos que tienen los responsables políticos para poner “orden” en esta cuestión están detrás de este “olvido” real del problema.
La realidad la reconocen, pero sólo en privado, los políticos que han gestionado la Administración foral, sean de un partido o de otro. Derecha o izquierda. Lo mismo que admiten que no han podido contener este ascenso imparable del gasto de personal que ha crecido un 67% en diez años y que, además, no ha ido acompañado de un acuerdo en paralelo para premiar al mejor desempeño.
Porque ese síndrome, del “café para todos” quema mucho. Pero no hay nadie que haya sacado ya adelante una apuesta valiente en este campo, a pesar de que se habla mucho de ello. Sólo un amplio acuerdo entre los grandes partidos (hoy imposible) podría afrontar este reto convertido en avispero. Y ahí estamos, con otro elefante más en la habitación.