La chica de Bera

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Jose Murugarren

Actualizado el 17/06/2024 a las 23:52

Un estudio que siguió el comportamiento de una comunidad de monjas durante años concluyó que quienes utilizaban un lenguaje optimista y mostraban emociones positivas vivían más. 

Sé que hoy es martes y quizás te hayas levantado con dolor de cabeza y reuniones pendientes convencido de que esta vida es dura. Tómate con paz el café. Hay sesudos estudios que sostienen que las palabras que elijas para contarte lo que te ocurre van a determinar tu visión del mundo. 

Si empleas palabras como alegre, bello, sonrisa o abrazo por decir un puñado vas a activar emociones positivas en el cerebro. Por contra, si optas por otras como miedo, disgusto o fango estimulas sensaciones negativas: mal rollo. 

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Todo esto me viene a la cabeza después de leer las valoraciones que los chicos y chicas hacían tras pasar por la experiencia de la EvAU, la antigua selectividad. Se me quedó grabada la reflexión de una de las estudiantes, por inusual. “Nos habían metido mucho miedo pero yo estoy gozando mogollón”, decía una alumna del IES Toki Ona de Bera al enfrentarse al examen. 

Las palabras que utilizamos influyen en nuestro estado de ánimo y construyen la manera en que nos contamos y explicamos nuestra vida. El lenguaje que utilizamos afecta a la forma de recordar, percibir el presente y proyectar el futuro. 

“Estoy gozando mogollón” es una forma exultante de crear el relato de lo que ocurre. En una escala del uno al diez, la chica de Bera aseguraba que se sentía “un once de feliz”. Está mejor vista la tensión colectiva, contar qué duro, qué difícil…, que lanzarse a la piscina de los felices. Va a ser longeva. 

Qué bueno leer que la presión por la selectividad, la del colegio y los profesores, la de los padres que aprietan, la de los compañeros…, no han afectado a esta espontaneidad feliz. ¡Pero cuánto sufrimiento baldío hay en el relato de los escolares cuando hablan de la selectividad!

La comunidad de monjas fue escogida por sus condiciones de vida parecidas. Compartían hábitos, objetivos, horarios y expectativas. El 90% del grupo “más alegre” seguía viviendo a los 85 años frente al 34% de las menos optimistas. El cómo se contaban a sí mismas las circunstancias prolongaba la vida de las más optimistas. Las palabras, el lenguaje positivo forma parte de un estilo de vida saludable. 

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