La resaca del 9-J pasa factura a la izquierda
El balance en frío de las europeas deja dos movimientos tectónicos que afectan al Gobierno de Sánchez: la dimisión de Yolanda Díaz como líder de Sumar y el pacto nacionalista en el 'Parlament'

Publicado el 11/06/2024 a las 05:00
Si una resaca electoral siempre tiene consecuencias más o menos tangibles en el mundo de la política, las secuelas de estas europeas no han tardado ni 24 horas en hacerse visibles. Y, sorpresivamente, no ha sido entre los principales actores, sino en los secundarios. Porque siendo indudable que no todos los partidos pueden darse por ganadores, aunque lo intenten, dimitir no es un verbo al que suelan acogerse los representantes públicos. Este lunes sí lo hizo Yolanda Díaz, aunque a medias. La fagocitación de Podemos lleva meses desintegrando a esa coalición que ha venido autoproclamándose como izquierda transformadora y ha devenido en una disputa interna que desencanta a miles de votantes. Así que la líder gallega anunció este lunes que renuncia a sus cargos como líder de la coalición, no así a su sillón como ministra de trabajo y vicepresidenta del Gobierno de coalición. Por cierto, lo hizo convocando a la prensa por 'streaming' y sin permitir preguntas. Un síntoma más de estos tiempos.
Simultáneamente, el independentismo catalán movió ficha tras el nuevo varapalo en las urnas que les endosó el socialismo y pacta una presidencia del Parlament casi contra natura entre Junts, ERC y la CUP. La repetición electoral es ya la bestia negra a evitar para el secesionismo y adelanta además otro movimiento tectónico que podría afectar al gobierno de Sánchez y que debería activar el inicio de una legislatura que aún no ha echado a andar en esta España con presupuestos prorrogados.
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Y mientras, en Navarra, el día después del 9-J no ofrece sino una foto distorsionada del momento actual. Porque aunque el socialista Ramón Alzórriz centrase todo su balance en apuntar a una “máquina del fango del PP gripada” y en atacar sin cuartel a una UPN que ni concurría a las elecciones, su lectura triunfalista de un PSN líder en Navarra y avalado por los votantes en sus pactos con Bildu es en cierto modo falaz. Chivite y compañía se dejan 20.100 votos desde 2019 y son la fuerza más votada por apenas 2.000 papeletas. Sencillo adivinar qué hubiera ocurrido si regionalistas y PP hubieran concurrido juntos a estos comicios. Pero no fue así y la decisión es difícil de entender.