"Escrutinio por Europa"
"El 9-J se presenta como un dramático pulso entre partidos que deberían sentirse aliados naturales en torno a los valores de la Unión Europea"

Publicado el 08/06/2024 a las 05:00
La campaña para las elecciones al Parlamento Europeo de mañana se ha convertido en una pugna cuerpo a cuerpo entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. Una pugna entre la defensa emocional, por parte del primero, de la honorabilidad de su esposa, Begoña Gómez, y la insistencia del segundo en que el Gobierno se encuentra a merced de lo que resuelva la Justicia, también sobre la amnistía.
El futuro posible de la Unión se ha reducido así en nuestro caso, de forma un tanto artificial, a una disputa entre los dos principales partidos -PP y PSOE-, que tratan de despejar las dudas sobre la estabilidad de la legislatura. Un pulso a cara o cruz con el que el presidente y el líder de la oposición tratan de movilizar a sus seguidores y que ha situado a las demás candidaturas en un plano secundario.
España no es el único país en el que los votos del 9 de junio se contarán de manera tan doméstica. Así será también en Francia, incluso en Portugal, a un lado y otro de nuestros lindes. Pero lo distintivo de nuestro caso es que Sánchez y Feijóo deberían sentirse aliados naturales de una misma Europa de derechos y libertades, dispuesta a ampliarse hacia el Este con la incorporación de países deseosos de prosperar en el Estado de Derecho y a abrirse a flujos migratorios que nos instan a hablar de humanidad.
Solo cabe esperar que el recuento de mañana, dentro del escrutinio general entre los Veintisiete, sea interpretado con mesura, sin que el vencedor circunstancial de unos comicios limitados en cuanto a participación se crea en condiciones de dictar el futuro ni quien se sienta perjudicado en la liza apele a una prórroga infinita para el desquite.
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El resultado del 9-J ha adquirido tal dramatismo que ni el escrutinio europeo ni el español beneficiarán a la democracia y el progreso si los partidos no proceden a una lectura cabal de un reequilibrio de fuerzas en la Eurocámara que, en cualquiera de los casos, exigirá un mínimo ánimo de acuerdo para la convivencia.