"El complejo escenario después de la amnistía"

Publicado el 02/06/2024 a las 05:00
Una vez aprobada la ley de amnistía en el Congreso -la principal claudicación de Pedro Sánchez ante Junts y ERC a cambio de sus votos para ser investido-, la legislatura entra en una nueva fase tras la cierta parálisis que arrastra desde su inicio por el maratón electoral del último año, que completarán las europeas del próximo domingo. Su rumbo lo determinará, sobre todo, el incierto desenlace de la gobernabilidad en Cataluña. Junts sigue amenazando a Sánchez con tumbarle si no facilita la investidura de Puigdemont. Una posibilidad que los socialistas han negado rotundamente desde la noche electoral, pero que con la trayectoria de “hacer de la necesidad virtud” por pura conveniencia política que lleva el presidente Sánchez para mantenerse en el poder nadie puede dar por totalmente descartada. El Ejecutivo de coalición necesita a todos los socios con los que ha articulado su precaria mayoría parlamentaria para aprobar cualquier proyecto, por lo que el hipotético descuelgue de algún aliado independentista que salga malparado de los pactos para el control de la Generalitat comprometería sobremanera su estabilidad. El presidente se enfrenta al riesgo de que, satisfecha una reivindicación de tanto peso político como el borrado de los delitos por el procés y de incuestionable tensionamiento de Estado de derecho, los secesionistas -inmersos en una feroz competencia- se sientan liberados de sostenerle por más tiempo en La Moncloa o vinculen su apoyo a una exigencia tan inconstitucional como un referéndum de autodeterminación. El hasta ahora granítico bloque de la investidura empieza a presentar grietas, extendidas incluso a los ministros de Sumar. El fracaso de la ley contra el proxenitismo y la retirada de la del suelo por falta de apoyos al desmarcarse varios de sus socios han colocado al PSOE ante un espejo intranquilizador. En poco tiempo se confirmará si tales movimientos responden solo a la batalla del 9-J, o a una recolocación de esos partidos, condicionando el futuro del Ejecutivo en un mandato caracterizado por la excepcionalidad.