"El padre"

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Juan Gracia Armendáriz

Publicado el 21/04/2024 a las 05:00

Tengo una mujer que me lleva al teatro y a la que debo algunas de las experiencias estéticas más contundentes de los últimos años. La última aconteció en el Teatro Bellas Artes de Madrid, fila 11, butacas 6 y 8, como espectadores de la obra de teatro El padre, dirigida por Josep Maria Mestres y protagonizada por el inmenso Josep Maria Pou. La obra fue estrenada hace años por su autor, el francés Florian Zeller, y el éxito mundial fue inmediato. El propio dramaturgo adaptó su obra al cine en una meritoria versión en la que Anthony Hopkins despliega su potencial interpretativo. En todo caso, la experiencia de asistir a la sala del teatro proporciona un impacto emocional que no atraviesa la pantalla de cine. La vejez y la pérdida de la identidad a causa del alzheimer es el principal motivo de una obra que ya fue representada en España en una memorable versión, según me informan, dirigida por José Carlos Plaza y protagonizada por Héctor Alterio. En El padre los espectadores asisten al deterioro mental del personaje, enfocado teatralmente desde la perspectiva del anciano, lo que los lleva a experimentar la perplejidad y desorientación en que vive sumido el personaje: sus relaciones personales, el caos espacio-temporal, los momentos de lucidez y desesperación. El trabajo de Josep Maria Pou es brutal, oscila entre el humor y el vértigo de la demencia senil. Ese difícil equilibrio por la cornisa de la interpretación lo cruza el actor con tal solvencia que cuesta imaginar el coste emocional que paga en cada función. Uno no es de lágrima fácil cuando de arte se trata, pero el tema resulta tan actual que la sala se llena de una energía emocional apabullante. Debí ponerme las gafas de sol, como si abandonara un templo, para disimular las lágrimas. Podrá decirse que apelar a la victimización del personaje enfermo es un recurso fácil. Inténtenlo los que así piensan. Personalmente, nunca había experimentado de una forma tan desbordante aquello que Aristóteles llamó catarsis, principio curativo del arte.

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