"Fuego cruzado"

"La mayoría de ciudadanos opta por alejarse de la línea de tiro y dejar cada vez más espacio a los contendientes. Sería bueno que su mayoría silenciosa dejara de serlo"

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José Ramón Ganuza

Publicado el 11/04/2024 a las 05:00

Me voy a permitir la licencia de encabezar estas líneas con el título de un magnífico ensayo histórico recientemente publicado por Fernando del Rey y Manuel Álvarez Tardío. Fuego Cruzado documenta y analiza los hechos sangrientos ocasionados por la violencia política de la primavera de 1936 que desembocaron en el golpe de estado y en una cruenta guerra civil.

No es que la situación actual revista semejantes niveles de brutalidad y salvajismo, pero, guardando esta distancia, sí que se puede analizar la situación política presente desde la perspectiva de la polarización política de los meses previos a nuestro conflicto civil.

No quisiera que se interpretaran estas ideas en el contexto de las polémicas surgidas por la corrupción. Van más allá. Pero lo cierto es que incluso el enfrentamiento por los problemas de corrupción impide un debate serio sobre sus causas profundas y sus soluciones.

Tampoco analizaré en esta ocasión el origen de la polarización política que vivimos de forma insidiosa y pegajosa y que afecta cada vez a capas más amplias de la población. Tengo para mí que esta huida hacia los extremos tiene su inicio en los Pactos del Tinell que firmaron socialistas e independentistas y que marginan a la mitad política del país. Una polarización alimentada por la colonización de medios de comunicación y de las instituciones que deberían actuar de contrapesos del poder político.

Mi reflexión quiere dirigirse a quienes basan su argumentario en la existencia de otro de sentido radicalmente opuesto, a quienes alimentan sus inquinas en las inquinas del otro extremo. Es difícil sustraerse a esta dinámica endiablada cuando la mentira, la manipulación mediática y la cancelación del otro provocan emociones que impiden el juicio sereno y el análisis frío de la realidad. Hoy es moneda común apelar a VOX para demonizar a todo el que no es sanchista y es fácil, tremendamente sencillo, utilizar la deriva del socialismo a posiciones maximalistas de connivencia con el independentismo para atraer adeptos a la posición extrema contraria.

En medio de este fuego cruzado, la mayor parte de los ciudadanos opta por alejarse de la línea de tiro dejando cada vez más espacio a los contendientes. Sería bueno que esa mayoría silenciosa dejara de serlo y tomara conciencia de su fuerza expresándose contundentemente tanto en las urnas como en las distintas convocatorias de la sociedad civil. Porque como dicen Del Rey y Alvarez Tardio, “la democracia no es una condición que una vez declarada e instaurada se mantenga por si sola… es una práctica que tiene que ver no sólo con cómo se elige a los gobernantes, sino con lo que estos pueden hacer”.

Ambos autores insisten en que la democracia no solamente exige un marco político que garantice el pluralismo partidista, sino condiciones para hacer posible la competencia pacífica entre partidos y evitar el abuso de poder. La polarización aumenta con la confrontación centrípeta y el populismo. Y en eso estamos hoy. Ese es el auténtico debate, más importante aún que el de la corrupción.

Al analizar las causas que llevaron a la guerra civil, Álvarez Tardío y Del Rey señalan que “la consolidación democrática exige un alto grado de pacificación de la sociedad y un mínimo de convergencia respecto a unos valores comunes básicos”. En los meses previos al conflicto, ambos bandos estaban convencidos de que si perdían serían barridos y laminados por el contrario.

En este contexto, partidos y organizaciones que no tenían prácticamente representación parlamentaria pocos meses antes, adquirieron en poco tiempo el protagonismo de la batalla política y callejera. Simultáneamente, los partidos republicanos que representaban el centro político perdieron protagonismo, entre otras cosas por sus divisiones; y se vieron desbordados por quienes defendían posiciones maximalistas y apostaban por la confrontación civil. “La derecha radical y los falangistas habían sido grupos minoritarios hasta entonces…, simultáneamente el espacio ideológico y moral en el que confluían los moderados se fue achicando hasta quedar asfixiado por una polarización agresiva e impactante de grupos de radicales que aspiraban a ganar para no tener que competir más”.

Es triste comprobar cómo hoy existen muchos que, por interés o por ignorancia, siguen sin aprender esta vital lección de la historia. Es desalentador ver cómo se consolida la alianza del socialismo, el independentismo y el populismo de la extrema izquierda y se menosprecia el legado de la Transición Democrática que estableció el consenso que nos permitió convivir, al margen de dogmatismos y exclusiones.

No me resisto a terminar con unas palabras de Manuel Chaves Nogales, el gran cronista de la Tercera España cuando en el prólogo de A Sangre y Fuego decía sobre el final de la Guerra Civil: “Viniendo de un campo o de otro, de uno o de otro lado de la trinchera, llegará más tarde o más temprano a la única fórmula concebible de subsistencia, la de organizar un Estado en el que sea posible la humana convivencia entre los ciudadanos de distintas ideas”. Ese deseo de Chaves Nogales fue la Transición Democrática. Sería bueno que no la arruinemos.

José Ramón Ganuza Sancho. Socio de Sociedad Civil Navarra

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