Cartas de los lectores

Agradecimiento al repartidor que me ayudó en la Sierra de Alaiz

El remitente pudo volver a su coche de forma rápida gracias a Kevin
AmpliarAmpliar
El remitente de la carta pudo volver a su coche de forma rápida gracias a Kevin
El remitente pudo volver a su coche de forma rápida gracias a Kevin

CerrarCerrar

José Moncada

Actualizado el 02/04/2024 a las 16:13

No conozco a Kevin. No sé quién es. Él tampoco me conoce a mí. Éramos dos perfectos desconocidos. Este jueves, él me prestó ayuda sin pedir nada a cambio, sin conocerme. Vayan estas líneas para expresar mi profundo agradecimiento a Kevin. De desconocido a desconocido.

Me perdí en el monte. Nada grave. Dejé el coche en el bonito pueblo de Guerendiain y ascendí la Sierra de Alaiz. Una caminata preciosa, pero me pasé de listo: seguí mal las indicaciones de otro montañero y tomé un camino equivocado que me llevó hasta Muruarte de Reta, muy lejos de mi destino. Lo que debía ser una excursión de 3 horas se tornó en un periplo de 6 horas. Llegué exhausto a Tiebas.

Todavía me quedaba otra hora de caminata hasta llegar al coche para volver a casa. No hubiera sido grave, a no ser porque me esperaban en casa para que me ocupara de un familiar enfermo. Agotado, agobiado, apreté la marcha.

Entonces apareció Kevin en su furgoneta de Amazon. Kevin suele repartir paquetes por esa zona: Tiebas, Beriain, Noain. Le pregunté si, por casualidad, pasaría por Guerendiain en su ruta de reparto. Me dijo que no, que le quedaban un par de entregas para terminar la jornada, y que ese día no pasaría por Guerendiain.

Le conté mi caso y le ofrecí dinero a cambio de acercarme a donde estaba mi coche. Kevin no se lo pensó ni un segundo: “No me des nada. ¡Sube!” me dijo, con una sonrisa. A pesar de que estaba a punto de terminar su jornada, y también estaría cansado, se tomó la molestia de acercarme hasta Guerendiain.

Para él fueron 15 minutos más al volante. Para mí evitar una hora de camina agotadora y tener a la familia esperando. Kevin, sereno, simpático, cordial al volante de su furgoneta, como un patriarca del valle, me condujo amablemente. No quiso nada a cambio, solo un buen apretón de manos en la despedida. Le dije que me había hecho un gran favor y que no sabía cómo agradecérselo. Me dijo que así debía ser, que podía ayudar a otra persona que lo necesitara cuando se presente la ocasión.

Así lo haré. Que comience aquí una cadena de favores que haga del mundo un lugar un poco más amable. ¡Gracias, amigo Kevin!

José Moncada

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora