Los días santos de esta semana

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Emilio Garrido

Publicado el 29/03/2024 a las 05:00

El domingo empezamos en familia la semana que se ha llamado Santa, y llevamos llamándola así hasta en círculos que no son precisamente cristianos. Pero nuestra cultura, inundada de signos y lenguaje cristiano, nos delata tantas veces que por supuesto personalmente no me importa ni me da ningún rubor aceptarlo. Y me siento cómodo no solo con el nombre, que también, sino con sus liturgias tan ricas de contenido y tan profundas en el mismo texto bíblico. Pues el domingo, en familia -no toda-, porque hay comunidades que la primera semana ya tienen fiesta, no como en Navarra; iniciamos la semana santa con las palmas, con los ramos de olivo, con el Jesús del borriquito, que Marcilla ni Paso ni borriquito, pero con una procesión bien concurrida en el Monasterio-Convento de los PP. Agustinos, que desde ahí, bendecidos los ramos de olivo -sobre todo-, salimos hacia la Parroquia con los “niños judíos” ataviados al estilo y, la cruz procesional con monaguillas, que también se activan en la liturgia.

Atravesamos todo el pueblo, hasta llegar a la Plaza de la Iglesia, con cantos y con gozo, cumpliendo la tradición del Domingo de Ramos. Los olivos agitados por los niños, brindaban al aire cierzo y al sol que nos bendijo, un oropel brillante de caramelos que cuelgan de las ramitas del olivo, como una costumbre ancestral, cuando la escasez en mi infancia era lo más común… Era una costumbre de las primeras procesiones en Jerusalén, hace 1600 años, los fieles colgaban en los ramos de olivo y laurel frutas como símbolo de la abundancia. Los cuales ramos de olivo bendecidos, se cuelgan en el balcón y permanecen hasta otro año, “bendiciendo la casa, y siendo protegidos por las tormentas de rayos y truenos”. Eso es lo que mi madre decía y hacía. Otra costumbre que aunque va decayendo, se sigue de manera más individual estrenando vestido o ropa en el Domingo de Ramos, porque como reza el refrán: “El que no estrena el Domingo de Ramos, no tiene pies ni manos”, queriendo significar que “no tiene manos” porque no sabe coser, y al no saber coser debe depender de la modista y no siempre está lista para ese día. Son costumbres que se van diluyendo con el olvido, pero lo fundamental permanece, y mientras a tres voces se lee la Pasión según San Marcos, viendo la parroquia llena de gente con sus ramos de olivos, y el coro a voces…, me transporté a Gaza, a Ucrania, a Rusia con el atentado último, a Israel y Haití …y, me pareció revivir otra pasión, tan real como la que vamos a celebrar en esta Semana Santa, y se me revolvió toda la amígdala, que la conecté con la corteza cerebral frontal, para elevar una oración al cielo y pedir sin tapujos por todos cuantos diariamente pierden la vida sin razón alguna. ¡Esta es una santa semana que nos hace estimular las verdaderas semanas y años que diariamente mueren personas sin pensarlo, sin merecerlo, sin ser su hora!, solamente porque les ha tocado vivir en una geografía donde el odio y la sinrazón acampan y no se sabe cuándo terminará. Esta es la Semana Santa de este año, la real, la verdadera, porque quienes mueren sin conocerlos, lejos de nosotros, nos deben ayudar y aprovechar para hacer nuestra procesión interior uniéndonos a tanta gente que sufre de hambre y de guerras. Es un Viernes Santo que sigue siendo un dolor ante tantas víctimas indefensas que cada día y cada imagen que vemos, nos dejan sin palabras… La guerra con esa única lógica de poder o de venganza, siembra el destrozo en las personas pobres que solo piden vivir en paz. Ese es nuestro Viernes Santo, son los días santos de una Semana Santa que vivimos y que activamos sentimientos de compasión y rogamos por quienes ostentan el poder para que racionalicen la emoción y decidan parar las guerras.

Emilio Garrido-Landívar. Doctor especialista en Psicología de la Salud

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