Luis Argüello o la garantía de la continuidad

Publicado el 09/03/2024 a las 05:00
Tal y como indicaban los diferentes medios de comunicación católicos en las últimas semanas, el actual Arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, ha sido elegido Presidente de la Conferencia Episcopal para el cuatrienio 2024-28. Recordemos que, desde que fueron reformados los estatutos del máximo órgano del episcopado, cada mandato presidencial es por cuatro años, y no por tres, que es lo que sí hubo desde la creación de la Conferencia Episcopal española (allá por enero de 1966) hasta el año 2020. Mientras, para la Vicepresidencia el candidato más votado (aunque, en su caso, en segunda vuelta) ha sido José Cobo, actual Cardenal-Arzobispo de Madrid.
Llama la atención, en relación con ello, que la designación de Argüello, a pesar de contar con un amplísimo nivel de apoyo (48 votos sobre 78 posibles) no ha gustado ni a los sectores más conservadores ni tampoco a los más progresistas de la Iglesia. Los primeros no tenían un claro candidato (al final, el que más votos obtuvo fue el franciscano Jesús Sanz Montes, que al final se quedó sin presidencia ni vicepresidencia), mientras los segundos apostaban por José Cobo como “nuevo hombre del Papa Francisco en España”. Pero los obispos no funcionan así, y daremos algunas claves de ello.
Comencemos por la primera realidad: el Papa Bergoglio es la cabeza de la Iglesia desde hace casi once años, con lo que lleva tiempo nombrando jerarquías a lo largo y ancho del mundo que él considera poseen el perfil que debe tener un obispo. Y ese perfil viene marcado por haber demostrado una trayectoria ampliamente social, relegando a un segundo lugar los posibles prelados de carácter más intelectual o de otro tipo. En el caso de nuestro país, Francisco ha elevado al cardenalato a tres figuras (Omella, Osoro y, ahora, Cobo) que destacan por su perfil social y no por una destacada formación teológica. Así que parecía claro que, de los 78 obispos con derecho a voto en estas elecciones episcopales, y donde un buen número votaba por primera vez tanto a Presidente como Vicepresidente, éstos se iban a situar en la línea marcada por Francisco.
Eso sí, sin excesos: buena prueba de ello es que no quisieron elegir a Cobo Presidente de la Conferencia Episcopal, ya que lo consideraban demasiado prematuro. Cobo tiene solo 55 años, ha pasado en un solo año de Obispo auxiliar de Madrid a Cardenal-Arzobispo de la misma archidiócesis, y por lo general los obispos que acceden a la presidencia han sobrepasado, como mínimo, los sesenta años de edad.
Argüello, además, continúa con una tradición no escrita, y es que, por lo general, los exsecretarios generales de la Conferencia Episcopal (él ejerció como tal entre 2018 y 2022) tienen muchas posibilidades de convertirse más adelante en presidentes (caso de Elías Yanes, por ejemplo) o en vicepresidentes (caso de Fernando Sebastián, Arzobispo de Pamplona y Tudela durante más de una década, y quien sería por dos veces Vicepresidente de la Conferencia Episcopal). Añadamos a ello que el Papa Francisco decidió hacer a Luis Argüello primero Obispo auxiliar de Valladolid (abril de 2016) y, finalmente, titular de la archidiócesis (junio de 2022).
Así que, ¿de dónde sale eso de que los obispos han “desairado” al Papa Francisco con la elección de Argüello para la presidencia del máximo órgano del episcopado? Cobo, ahora nuevo Vicepresidente, tiene cuatro años por delante para ser el siguiente Presidente de la Conferencia Episcopal (Argüello, por razones de edad, no puede optar a un segundo mandato): será ese el momento de ver si es el favorito o no de los obispos españoles.
¿Qué puede esperarse de este mandato de Argüello como Presidente de la Conferencia Episcopal? Continuidad en el perfil bajo de la Conferencia Episcopal, que rehúye los conflictos, desde hace años, con los diferentes gobiernos. Y en el centro de todo ello, revisión de las exenciones tributarias en un marco de crecientes subidas de impuestos; sostenimiento del régimen de conciertos educativos; y cada vez mayor colaboración con las diferentes administraciones en el tema del patrimonio histórico-artístico. Todo ello dentro de una Iglesia de minorías de fieles, pero cada vez más comprometidas con la difusión de la fe en un país en el que la indiferencia ante el hecho religioso se ha apoderado del mismo. Suerte para Don Luis Argüello, y suerte igualmente para Don José Cobo, al frente de una Conferencia Episcopal en clara armonía desde hace años.
Pablo Martín de Santa Olalla Saludes. Profesor del Derecho Eclesiástico del Estado en la Universidad Camilo José Cela (UCJC).