"Sus asesores de imagen debieron decirle que no le convenía un funeral donde la mayoría de los asistentes deseaban ver su cadáver político"

Publicado el 18/02/2024 a las 05:00
Me despierto con la voz de un locutor cuya entonación da a entender que está a punto de sonreír. Eso me reconforta. No me gusta desayunar una tostada con serpientes; tampoco un sermón woke. Al tiempo que ese locutor despliega un monólogo que revuelvo con el café, el día se va aclarando un minuto más temprano. Eso pone de buen humor a cualquiera. El kéfir con cereales y frutas despeja los últimos jirones de sueño. La fructosa me dilata las pupilas. El teléfono anuncia los principales titulares del día. Trato de no caer en la pulsión de cliquear sobre titulares redactados como si los lectores sufriéramos algún tipo de déficit cognitivo. La voz del locutor, junto a la de sus contertulios no demasiado insoportables, me acompaña en la ducha. Pienso que últimamente son menos comedidos y se quitan la palabra. La espuma de afeitar los reduce al silencio. Transcurren varias horas al margen de la actualidad: leo, sudo en el gimnasio, escribo, paseo al perro. A la hora de comer, tengo dos opciones: un cansino telediario regional o el estilo apremiante de Antonio Ferreras. Como siento que en el sofá me vence una agradable sensación de anestesia, me dejo acunar por un runrún de noticias en el que se mezclan narcos, dos guardias civiles asesinados y un ministro que ya debería estar sin cartera. Por la noche sabré que Sánchez no compareció. Sus asesores de imagen debieron decirle que no le convenía un funeral donde la mayoría de los asistentes deseaban ver su cadáver político. En su sueldo van incluidos los pitos y abucheos, pero Sánchez tiene los mismos escrúpulos que Agnes la Sucia. Por la noche, la radio informa de que la realidad tiene forma de tractor verde. Barcelona ocupada por una caravana de John Deere. El tanque agrícola no fue mencionado en la gala, ritualmente tan solidaria, de los Goya. “Si el campo muere, tú no comes”, anuncian los agricultores, pero la gente del cine no sabe, no contesta. Si el campo muere, acabarán persiguiéndose por los palcos, como los caníbales de esa película.