¿Qué se puede mejorar desde el informe PISA?

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antonio sánchez asín

Publicado el 31/01/2024 a las 05:00

Existe un descontento generalizado frente a la poca credibilidad de nuestros políticos y una desgana en la ciudadanía para enfrentarse a una revisión profunda de un tema altamente trascendente como es la Educación. Se aprueban las leyes de Educación sin contar con un pacto de Estado para hacerla a muy largo plazo y sin carga de ideología política.

Gran parte del profesorado está desmoralizado ante el aluvión de cambios que se han producido con estas leyes. Muy poco se habla del alto porcentaje de profesores con bajas por depresión y de la carencia de medios de los centros.

Como profesor durante largos años, me permito la licencia de opinar y reflexionar, solamente, sobre algunas de las muchas limitaciones que han quedado pendientes en las ocho leyes de Educación promulgadas estas últimas décadas. La ausencia de pensamiento crítico para interrogarse, cuestionarse y contrastar el aluvión de información que nos invade, evidencia que una parte de la sociedad acepte estos engendros sin réplica alguna.

Entrando a analizar posibles causas de estas actitudes, puede ser que parte de este ensimismamiento pueda erradicar en las obsoletas estructuras educativas, desde las cuales se ha priorizado la trasmisión de conocimientos, fomentando ello la formación de alumnos con graves carencias de criterio propio.

Nuestros marcos educativos han relegado la acción de pensar y se la ha sustituido por la acción memorística, sin pasarla por el crisol del pensamiento crítico.

Se advierten desde años fallos en la lengua, lectura comprensiva y matemáticas, como si el Informe Pisa (2023) hubiera descubierto algo nuevo.

En Navarra, la competencia en matemáticas, como materia principal, y la comprensión lectura y científica como secundarias, aparecen por encima de la media de la OCDE. Y España, pasando a una posición mediana en ciencias, matemáticas y lectura, cuando hace 10 años ocupaba los primeros puestos. Actualmente somos los primeros en gasto público, después de las Vascongadas.

Lo superfluo ocupa una gran parte de su memoria, impidiéndoles dedicar el suficiente espacio a su procesamiento, como requiere el ejercicio sosegado del acto de pensar. Las competencias y habilidades curriculares están muy claras, pero son letra muerta para una parte importante de nuestro alumnado. Si desde las instancias educativas no recuperamos la ancestral costumbre de interrogarnos, dudar y negar, condenaremos a nuestras futuras generaciones a ser caldo de cultivo del propio sistema.

Para Michel Desmurget, las pantallas han producido una sustancial transformación en el funcionamiento intelectual de los jóvenes en su forma de relacionarse con el mundo, señalando tres rasgos que los caracterizan: el paso frenético de una tarea a otra, la impaciencia y el trabajo en equipo. Pero muchos alumnos huyen del razonamiento demostrativo, deductivo, paso a paso, y prefieren el tanteo que ofrecen los hipervínculos.

Han crecido con Internet y no se pueden desligar de él, ya que dominan la tecnología y su lenguaje. Son como prolongaciones de sus cerebros. No obstante, presentan dificultades para procesar, clasificar, ordenar, evaluar y sintetizar la información que encuentran en las redes. De acuerdo con numerosos investigadores, el menú de muchos niños se articula en torno a actividades lúdicas: redes sociales, videojuegos, comercio electrónico, SMS, videoclips, vídeos, películas, series, etc. Estas herramientas se pueden consumir sin necesidad de esfuerzo ni competencias, pues sólo sirven para divertirse. Esperemos que no se haga realidad la frase de Jean Paul Marat: “Para encadenar a los pueblos, hay que empezar por adormecerlos”. Para avanzar en el sistema educativo, representa llevar a cabo la formación y selección del profesorado, máxime ante los retos que exigen las nuevas metodologías. Se incide demasiado en el alumno y muy poco en el papel decisivo que tiene la preparación del profesor a través de un reciclaje permanente. Se precisa de una preparación bien planificada, como se hace en el MIR sanitario. De igual modo, se han suprimido las oposiciones para acceder al cuerpo de inspectores, dándose, de este modo, los ingredientes para convertirlos en comisarios políticos en algunas Comunidades, desaprovechando el carisma de los profesores más capacitados y creativos para ejercer de líderes y guías pedagógicos en los proyectos y contenidos que se dan en los centros.

Antonio Sánchez Asín. Profesor Titular Emérito. Doctor en Pedagogía. Universidad de Barcelona.

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