Escuela y educación

Publicado el 29/01/2024 a las 05:00
A la Escuela le pedimos que siga cincelando estrellas en ese firmamento social cada vez más complejo, exigiéndoles un nuevo metaverso por cada alumno que tienen, sin reparar en gastos, que han aumentado en Navarra exponencialmente; pero que no vemos que el nivel cognitivo -en las distintas evaluaciones-, mejore significativamente.
A la Escuela, con mayúscula, se le exige todo y por todo, y es bueno que así sea, pero la Escuela es un reflejo de la sociedad en la que vivimos y donde hemos hecho dejación de autoridad en la familia, en los grupos sociales, e incluso en los propios maestros-profesores. Sin reparar que la Escuela no puede ser la medicina para todos los males que nos aquejan, ni convertirse en ideologizar, que esto no educa. Cuántas personas me preguntan en cursos, conferencias que ¿por qué no se dan clases de “esto o aquello” -según el tema expuesto-, y no lo ponen como asignatura en los colegios? Gestión de la emociones, reprogramación cerebral positiva, reseteo de nuestro cerebro a nuestro favor, para que funcione “en manual” y no en automático… La Escuela no puede abarcarlo todo, y sobre todo “ese todo” sin que las familias no nos impliquemos más directamente en la orientación y control de nuestros hijos. No podemos exigir a la Escuela, sin dar nosotros -las familias- ejemplo de nuestra implicación frecuente en los asuntos comunes y diarios en la Escuela, que no lo hacemos por comodidad o por miedo! Queremos que sepan educación vial, deseamos que aprendan cómo gestionar la emociones, exigimos que haya clases de sexología y emoción científica, reclamamos asignatura de higiene mental, pretendemos que les enseñen a comer con educación, instamos a que prevengan y colaboren cuando hay un bullying-acoso, etc.… Imposible. No habría horas suficientes en todo el día. La Escuela intenta y lo hace, desarrollando la inteligencia de nuestros hijos, la parte cognitiva de cada niño, formando y estimulando la conciencia de cada uno y el autoconcepto según su edad y curso: Para que sepan qué son y hacia dónde caminan, de lo que son y de lo que quieren ser, de nuestro carácter para llegar a ser hombres libres y de provecho para sí mismos y en la sociedad que les toque vivir. En definitiva, ser hombres de bien. Y todo esto se logra: dando matemáticas, lengua, historia, idioma; orientando el amor a la lectura y su comprensión, porque enseñando lo que se instruye, incluso -por supuesto-, las fórmulas geométricas, aprenden a medir el espacio y el tiempo que nos ayuda a situarnos en el dónde vivimos y en el tiempo en el que estamos. Y esto es parte de una maduración del autoconcepto de la conciencia. Por poner un simple ejemplo; y esto lo hace un profesor con vocación de “esculpir estrellas”, las cuales serán mañana -que llegan enseguida-, actores de su propia vida en una sociedad nueva, en la que todos intentamos crear desde cada uno de los puesto en los que nos desenvolvemos, dejando ideología que no educan.
Ya sé que no me da para más este recuadro, pero es importante remarcar que no es preciso instaurar más asignaturas y materias que las que el programa académico del Ministerio de Educación nos orienta, siempre que el programa dure unos cuantos ministerios más y no cambie cada vez que cambie el ministro en cuestión. Pero las materias clásicas, son fundamentales y muy útiles -con la vocación y motivación, que tienen los educadores-, para poder mientras explican los ríos, la ortografía, las ecuaciones, los verbos y disfrutar de una lectura de Platero y yo …; para poder llegar a la corteza prefrontal, con ese continuo estímulo de que su labor es precisamente con la salud, las dos piedras angulares de nuestro progreso social. Será la mejor forma de que la evaluación próxima en Educación sea más positiva. Sin la Escuela no podemos avanzar. Es el gran invento desde el siglo XVII, y ella bien estructura nos favorece una mejor salud.
Emilio Garrido-Landívar. Doctor especialista en Psicología de la Salud.